Los xenotransplantes hoy

Raymundo Canales de la Fuente

Raymundo Canales de la Fuente

Bioética y biopolítica

En todo el planeta, en todos los sistemas de salud, existe un déficit enorme de trasplantes de órganos. Existen cada vez más personas que presentan alguna falla grave o deficiencia funcional de un órgano vital y, por lo tanto, se encuentran a la espera de alguien que pueda donarles el órgano o algún segmento, como es el caso del hígado. De esa enorme fila de espera hay muchos que perderán la vida antes de obtener la donación indispensable, y ya se sabe que en países con poca regulación o vigilancia puede ocurrir incluso el tráfico de órganos a cambio de fuertes sumas de dinero. 

El problema es mayúsculo, la mayoría de las personas no acostumbran pensar que quizá alguna parte de su cuerpo pudiera servirle a otra persona después de su muerte y aun entre quienes lo han pensado frecuentemente no existen mecanismos eficientes para avisar a los equipos de trasplante en el momento correcto para disponer del órgano. Los requerimientos de los programas son complicados, sofisticados y muy caros para cualquier sistema sanitario.

Recientemente estamos apreciando algunos pocos casos de éxitos en xenotransplantes, es decir, trasplantes de órganos obtenidos de algún animal a una persona. Los intentos previos habían resultado en fracasos por muchas razones entre las cuales cito la reacción inmunológica severa del organismo humano frente a tejidos que claramente son extraños, es decir, la reacción muy rápida contra el órgano trasplantado. Ahora existe un caso, por lo menos, de una persona que recibió el corazón de un cerdo, al que se le modificó genéticamente para suprimir los genes que causan la reacción violenta del sistema inmune humano y también para hacer más pequeño el corazón de tal forma que se asemeje al de un ser humano. Se trata entonces de “cerdos de diseño” genético para obtener órganos posiblemente compatibles. De hecho, existe ya una empresa con las miras puestas en obtener corazones, lóbulos pulmonares y riñones que se puedan trasladar a personas bajo estas condiciones.

Si la tecnología o la empresa hubieran aparecido hace más de medio siglo, estoy seguro que no habría ninguna polémica para proceder de forma masiva a generar los animales necesarios, pero el día de hoy, con todo el pensamiento filosófico y ético respecto de los derechos de los animales y su reconocimiento como seres sintientes provoca ahora una discusión muy profunda respecto del derecho que tenemos para diseñar y disponer de animales bajo esas condiciones. Desde luego, mi postura ética es en el sentido positivo a la permisividad del tema, preocupado como médico respecto de la salud humana me costaría mucho trabajo negarle un órgano a una persona con base en argumentos de ese tipo, pero entiendo que la discusión no se termina ahí. En todo caso debemos propiciar una deliberación amplia, en todos los sectores sociales, para que podamos arribar a conclusiones aceptables para la mayoría y quizá abonar a la supervivencia de muchas personas que hoy están muriendo prematuramente.

Temas: