Hace un par de días, en la conferencia diaria de la presidenta Sheinbaum se presentó un resumen con los datos globales de un tema muy grave en México, el de las personas desaparecidas. Las cifras son enormes, más de 300 mil personas en los registros del gobierno, de las cuales muchas corresponden a épocas históricas remotas sin vigencia actual, pero respecto de los datos recientes se presentó un panorama que en primer lugar deja en evidencia una voluntad franca para desatorar el tema, haciendo un análisis cuidadoso para enfocar los esfuerzos donde se debe.
Una de las cifras que más llaman la atención es que de 66% de las personas que han sido encontradas, la mayoría no fue objeto de un delito; es decir, son personas que probablemente decidieron ausentarse de su medio social o familiar.
Existe otra proporción importante de reportes que carecen del sustento mínimo indispensable para relacionarlo con una persona concreta, es decir faltan los datos básicos, no hay a quién llamar para corroborar la información de la desaparición, no hay un nombre completo, y muchos otros faltantes que resultan fundamentales para articular una búsqueda. Y, finalmente, hay una tercera parte de los reportes recientes que sí cumplen con los requisitos básicos para buscarlas, pero las procuradurías estatales no tienen una carpeta de investigación.
Si al panorama descrito le sumamos el hecho que ya he mencionado en este espacio respecto de que el Estado mexicano carece de la información básica de quienes conformamos este país, pues resulta imposible suponer que podremos encontrar a todas las personas ausentes, a pesar de que el gobierno articule una estrategia lógica, sensata y con la voluntad política necesaria.
Los hechos ponen de manifiesto la imperiosa y urgente necesidad de un registro nacional de ciudadanía, idealmente a partir de la infancia, y con los datos más importantes para identificar, sin duda, a todas y a todos quienes nacimos y vivimos aquí.
Me parece que las críticas bien intencionadas deben partir del reconocimiento de lo positivo que está aportando este gobierno y del reconocimiento de la necesidad de la CURP biométrica. Sin esa información será imposible que algún día no tengamos ni una sola persona ausente.
