Karl Deisseroth, psiquiatra estadunidense y aficionado a las letras, tiene un perfil francamente extraño para ser alguien que ha revolucionado las neurociencias. Es autor de libros en los que aparentemente utiliza elementos literarios, mezclados con su experiencia como psiquiatra, y conecta esos conceptos con la técnica que inventó y dio nacimiento a la llamada optogenética.
Esta tecnología consiste en la utilización de un haz de luz para manipular circuitos neuronales específicos, cuyos hallazgos abren un enorme campo de investigación relativo al funcionamiento del cerebro. En diversos ensayos han provocado que algunos individuos ciegos respondan a la luz, y han conseguido también que algunos mamíferos elijan otros comportamientos. La optogenética nació de observaciones científicas de diferentes algas que tienen moléculas que responden a la luz, de ahí nació la idea de insertar los genes de éstas proteínas en neuronas de organismos como ratones, y lo sorprendente es que el cerebro del ratón respondió de diversas maneras.
En alguna entrevista, el investigador narra cómo el estímulo luminoso en barras verticales sobre la corteza cerebral de los lóbulos occipitales (donde el cerebro integra las imágenes) de un ratón provocó que éste caminara como si tuviera las barras verticales de frente. También ha explorado conductas sociales complejas, como el impulso para comer o relacionarse socialmente, y han podido manipular las decisiones de esos animales experimentales. La técnica se ha ensayado en algunas personas, por ejemplo ciegos, que han reportado alguna respuesta a la luz, lo que llena de esperanza a millones de personas con trastornos en la retina; pero lo que suena muy interesante desde el punto de vista científico, es decir de descripción de la realidad, son los aportes que puede brindar la técnica en la explicación de enfermedades mentales complejas, como la esquizofrenia, o incluso en las teorías freudianas del funcionamiento del inconsciente. Nos acerca vertiginosamente a contar con una explicación fisiológica de esos eventos que parecían no tener una explicación en cuanto al funcionamiento cerebral. Se podrán describir con detalle los mecanismos biológicos que determinan decisiones o las neurosis, de las que todos somos presa en alguna medida.
La lista de hechos que se antojan someter a experimentación parece interminable y, desde luego, habrá muchas y muchos apasionados, por ejemplo del psicoanálisis, que se sentirán ofendidos e invadidos por las neurociencias. De momento debemos estar muy pendientes de los próximos hallazgos del grupo liderado por Deisseroth para entender cada vez mejor el funcionamiento de la víscera que describen los neurólogos como “víscera magna”. Muy merecido el reconocimiento desde mi muy humilde punto de vista.
