Motivos ocultos de la Secretaría de Salud de la CDMX

Si bien es cierto que la ciencia médica, como cualquier disciplina científica, debe siempre iniciar dudando de todos los resultados previos respecto de un fenómeno, seguimos a la fecha sin tener evidencias convincentes del uso de la ivermectina en la presente epidemia ...

Si bien es cierto que la ciencia médica, como cualquier disciplina científica, debe siempre iniciar dudando de todos los resultados previos respecto de un fenómeno, seguimos a la fecha sin tener evidencias convincentes del uso de la ivermectina en la presente epidemia por SARS-CoV-2, causante de la enfermedad covid-19. Se trata de un fármaco muy antiguo, con eficacia demostrada en el combate a diversos parásitos, tanto intestinales como algunos de la piel. Los piojos y el causante de la sarna, el sarcoptes scabiei son susceptibles a la acción del fármaco, por lo que se utiliza regularmente con seguridad probada.

Tiene la enorme ventaja de que se prescribe frecuentemente en esquemas de una sola dosis que, bajo ciertas circunstancias, se puede repetir, pero es francamente un fármaco útil y poco tóxico. Es interesante también por su eficacia contra organismos muy diferentes y que se alojan tanto en el interior como en el exterior del organismo humano; quizá esas características inspiraron a quienes propusieron hace ya casi dos años que podría ser útil en el tratamiento de covid-19.

Haciendo en este momento una nueva búsqueda de evidencia publicada en las bases de datos de bibliografía médica, no encuentro evidencias nuevas que permitan afirmar categóricamente que es útil en el tratamiento de la pandemia; se siguen reportando algunos resultados positivos en grupos pequeños de pacientes, algunos aleatorizados, pero sin el poder de estudios generalizados que demuestren su efectividad en grandes poblaciones. A estas alturas del curso de la epidemia ya deberían existir hallazgos en ese sentido y simplemente no están publicados.

Sorprendentemente, el gobierno local en la Ciudad de México, que encabeza la doctora Claudia Sheinbaum, acompañada en este tema por una brillante epidemióloga, la doctora Oliva López Arellano, sigue insistiendo en el uso regular del fármaco, que se prescribe cotidianamente con esta indicación, lo que me lleva a sospechar que quizá la acción gubernamental se encuentre motivada por otra razón, como podría ser la noble intención de terminar con los piojos que afectan a una buena parte de la población capitalina, especialmente ahora con el inminente regreso a clases en todos los niveles educativos y que, se sabe, claramente se asocia con brotes de dichos parásitos entre los infantes.

Además, tiene la ventaja de actuar también contra parásitos intestinales como los ascaris, oxiuros y otras “lombrices” muy comunes en nuestro medio y que se contagian básicamente porque pocas personas se lavan las manos antes de comer o de preparar alimentos.

Hoy, con la insistencia del lavado frecuente de manos, además de la prescripción generalizada de un antiparasitario, quizá cambien las cifras de prevalencia de dichos padecimientos. Podría ser la intención del gobierno, habrá que preguntarles.

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