Las nuevas vacunas contra el SARS-CoV2

• La ciencia diseñó ahora una vacuna que es una hebra de RNA para que el organismo fabrique una sola de las proteínas del virus con el objetivo de que la persona vacunada produzca anticuerpos contra esa única proteína, sin la cual el virus no podrá infectar más células ni reproducirse en esa persona.

Desde el siglo XVIII, en la Gran Bretaña, cuando Jenner describe el primer mecanismo de vacunación, pasando después por la vacuna de la rabia aplicada por Pasteur en París, las vacunas se han basado en el uso de un germen ocasionalmente aplicado en dosis pequeñas y, en otras ocasiones, a la modificación del mismo, provocando que sea menos agresivo; la historia de las vacunas ha sido muy compleja.

En el siglo XX se obtuvieron muchas vacunas, incluso fabricadas con base en derivados proteicos de virus y bacterias con capacidad de despertar una respuesta inmune suficiente para que las personas permanezcan protegidas durante muchos años.

Hoy estamos frente a un nuevo virus, relativamente poco mortal, pero con una enorme capacidad de contagio, frente al cual no existe ninguna herramienta terapéutica eficaz; así las cosas, la ciencia ha acelerado el trabajo a lo largo y ancho del orbe, por cierto, con las herramientas científicas actuales.

Hoy, es relativamente fácil diseñar moléculas como el DNA que contiene la información genética de un organismo. Todos los organismos vivos contienen almacenada dicha información, lo que permite la reproducción y por tanto su supervivencia.

El DNA en una célula requiere de lectura y traducción dependiendo de las necesidades del organismo para lo cual la célula “copia” el segmento necesario en una molécula más pequeña y simple llamada RNA que puede ser leída por el aparato, que la traduce en la fabricación de una o varias proteínas.

Los virus, como el SARS-CoV-2, son tan pequeños y relativamente simples que, solamente contienen RNA, que inyectan en la célula infectada para engañarla y provocar que fabrique copias del virus.

En este escenario, la ciencia diseñó ahora una vacuna que es una hebra de RNA para que el organismo fabrique una sola de las proteínas del virus, con el objetivo de que la persona vacunada produzca anticuerpos contra esa única proteína, sin la cual el virus no podrá infectar más células ni reproducirse en esa persona. Es decir, vamos a engañar al organismo con un mecanismo muy similar al que utiliza el propio virus.

Es la primera vez en la historia en la que se utilizará una vacuna de este tipo y los estudios van tan avanzados que ya se demostró que es inocua y provoca protección efectiva contra la infección.

No todas las que se están probando son iguales, pero pongo el énfasis en las que funcionan de esta manera para poner de relieve la necesidad de que los países inviertan muchos más recursos en ciencia.

En México tenemos científicos con sobrada capacidad para desarrollar proyectos como el descrito, pero son muy pocos numéricamente, se necesita multiplicar al menos por diez el número de laboratorios y de investigadores científicos dedicados a ésta y muchas otras áreas de la ciencia si queremos ser un país desarrollado.

Ojalá algún día entiendan los políticos.

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