El desarrollo económico y social de un país como México, con recursos naturales limitados, rodeado de costas con una riqueza extraordinaria en términos naturales y lugares arqueológicos privilegiados por toda su geografía provoca una confrontación ineludible entre el desarrollo turístico, destructor en esencia del entorno natural, y las tendencias actuales conservacionistas con argumentos francamente muy sólidos. Aunque el desquiciado hombre fuerte de nuestro vecino del norte lo niegue, hay un fenómeno global de calentamiento del planeta que, incluso sin hacer ninguna obra en nuestras costas, está afectando, por ejemplo, la vida del coral.
Los arrecifes se han visto seriamente alterados por la muerte masiva de esa especie afectando de forma secundaria a todas las miles especies animales y vegetales que viven alrededor del mismo, si ahora le sumamos desarrollos que implican construcciones enormes sobre la playa y la orilla del mar, la afectación se multiplica. Ese tipo de argumentos fueron los que condujeron a la autoridad ecológica de nuestro país a prohibir la obra que se proponía en una de las joyas del Caribe mexicano, en Mahahual, que es parte del sistema arrecifal mesoamericano, la segunda barrera de coral más grande del mundo.
Entender que negar una inversión de grandes dimensiones significa limitar el desarrollo de una región del país restringiendo la generación de empleos y la derrama económica local, provoca establecer fácilmente el dilema ético. Por eso el Estado mexicano está buscando alternativas quizá en alguna zona cercana y bajo reglas muy claras que restrinjan hasta límites tolerables el daño a la ecología, pero permitiendo finalmente la aparición de grandes concentraciones de visitantes que por definición resultará en una carga difícil de procesar para el medio ambiente local.
Mientras la población humana siga creciendo en el planeta, sigamos viajando de forma cada día más fácil, y nos podamos adentrar en los escenarios naturales que resultan fascinantes, con herramientas al alcance de la mano, seguiremos siendo una plaga para la biósfera, tristemente cada día más nociva.
Pensar y reflexionar de manera seria centrada y sensata quizá nos pueda brindar formas de hacer turismo realmente respetuoso de la naturaleza, que desde luego no podrá generar las ganancias económicas de las enormes empresas actuales como los cruceros, pero sería la única manera de propiciar el restablecimiento de muchos sistemas ecológicos seriamente afectados por la actividad humana actual.
