Ser neurocirujano no significa ser genio
El médico que separó a unas siamesas, es ahora parte del gabinete de Donald Trump.
Uno de los recientes nombramientos del próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recae sobre un célebre neurocirujano de nombre Ben Carson, exjefe de neurocirugía pediátrica en uno de los mejores centros hospitalarios del mundo, el Johns Hopkins.
El personaje fue motivo incluso de una película en la que se narran puntualmente los hechos que rodearon a una atrevida intervención que hizo en los 90, para separar a unas gemelas siamesas, unidas por la cabeza, resultando un éxito quirúrgico.
El cuidado y el profesionalismo demostrado por Carson y su equipo permitieron el éxito narrado. Nadie tiene dudas al respecto. Pero como todo ser humano normal, el doctor Carson tiene defectos también, que ahora resultan en extremo evidentes en vista de que se dispone a gobernar una parte del país más poderoso del orbe.
Resulta un poco extraño que su deseo de gobierno gire en torno a los asuntos de vivienda y no a los relacionados con la salud, pero otorguemos el beneficio de la duda, quizá es un experto también en el tema de la vivienda. Lo alarmante del personaje resulta de su fanatismo religioso, que ha derivado en declaraciones tan absurdas como afirmar públicamente que la teoría del big bang es una estupidez y que los argumentos de Darwin son un asunto inspirado por el demonio.
Cada persona tiene derecho a la libertad religiosa y a creer en lo que le plazca, pero cuando se trata de gobernar no lo puede hacer con base en sus creencias porque es seguro que atropellará las del vecino.
Al escuchar argumentos tan pueriles de una persona inteligente, lo que salta a la vista no es que no comprenda la racionalidad de la ciencia, sino que está defendiendo percepciones religiosas, lo cual es indefendible racionalmente.
En el caso que nos ocupa, el doctor Carson niega el Big Bang seguramente porque cree a pie juntillas que Dios creó el universo, y negar a Darwin es debido a que el mismo Dios hizo con sus manos, a partir de arcilla, al hombre.
El día de hoy, en el pensamiento católico moderno y de las esferas progresistas de la iglesia se entienden esas narraciones como alegorías textuales de la Biblia que no deben ser entendidas en un sentido estricto, lo que da cabida a las demostraciones científicas.
Negar la evolución de las especies, como la describe Darwin, siendo la supervivencia del más fuerte el hecho central que ha permitido la adaptación de la biosfera al medio ambiente, es una necedad absoluta. Por supuesto existen hoy mecanismos descritos recientemente como la epigenética, que nos ha demostrado cambios en el genoma inducidos por el medio ambiente, pero eso no niega el mecanismo descrito por Darwin, sino que lo complementa.En aquella época el científico no tenía las herramientas que hoy han permitido describir esos mecanismos.
Resulta alarmante que el país más poderoso del mundo esté quedando en manos de personajes de esta índole, con una miopía extrema, y que seguramente darán forma a un gobierno de estilo teocrático fundamentalista, y casi seguro atropellador de los derechos humanos. Acá, de este lado de la frontera, aparentemente tenemos gobiernos “laicos”, pero que también son peligrosos, porque en el fondo siguen siendo religiosos, disfrazados.
