Fitofármacos

Hay muchos efectos benéficos o terapéuticos de medicamentos de origen natural.

La farmacología, en un sentido amplio, es la ciencia que estudia cualquier sustancia que interactúa con el organismo y su medio interno. A todas las sustancias se les llama fármacos o drogas; en este sentido el agua misma puede ser considerada una droga. Esta ciencia entonces se dedica a estudiar todos los detalles, desde el ingreso del fármaco al organismo, su distribución, sus efectos, su toxicidad, y lo que nos importa en el caso de medicamentos, sus efectos terapéuticos, describiendo los mecanismos intrínsecos de cada paso. Una de las ramas de la farmacología es la llamada farmacognosia, que se ocupa de las sustancias medicamentosas de origen natural; es decir, los derivados de plantas, microbios o animales.

Las culturas a lo largo y ancho del orbe han acumulado un enorme bagaje de conocimientos, obtenidos casi siempre de forma empírica (es decir, con base en ensayo y error) que se transmiten generacionalmente, entre los cuales encontramos muchos efectos benéficos o terapéuticos de plantas, consumidas en diversas formas por las personas, y es la farmacognosia la que pretende sistematizar esos conocimientos para lograr presentaciones estandarizadas de la planta con el objetivo de beneficiar a grandes poblaciones.

 La sociedad occidental actual está enfrentada a una situación en la cual cada día es más difícil sufragar los costos asociados a la medicina llamada “científica”, que incluye el uso casi exclusivo de fármacos desarrollados por los grandes laboratorios farmacéuticos, y en la que no hay cabida prácticamente nunca para los fitofármacos, derivados directamente de las plantas. Estas enormes corporaciones invierten ingentes sumas de dinero en investigación científica para desarrollar cada molécula que, posteriormente, los usuarios tenemos que pagarles con creces si queremos el efecto terapéutico.

Por otro lado, las demostraciones científicas respecto de los fitofármacos son mucho menos onerosas, la bibliografía médica cada día acumula mayores conocimientos respecto de su eficacia, en ocasiones descartando efectos benéficos y en otras encontrando nuevas bondades del uso de tal o cual extracto de una planta o una infusión; pero lo que sí es un hecho irrefutable es la disminución significativa del costo, tanto para el enfermo como para los sistemas sanitarios; lo que parece lógico es que deberíamos contar con una política pública con las miras puestas en el desarrollo, difusión y articulación del conocimiento en el área; podríamos ahorrar muchos millones de dólares en el corto y mediano plazo.

De hecho en México existió, hasta hace pocos años, un instituto de investigación en plantas medicinales; ignoro las razones por las que se abandonó el proyecto, pero desde luego me parece un error dramático. En un país en crisis económicas recurrentes, con una medicina que cada día es más cara, nos urgen este tipo de propuestas, inclusive deberíamos convertirnos en líderes; nuestra herencia cultural de pueblos nativos americanos, en conjunto con la península ibérica, nos coloca como herederos de un enorme conocimiento. No puedo citar aquí los ejemplos, pero quién, en nuestro país no ha utilizado una infusión de manzanilla.

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