La sustentabilidad del servicio de agua… ¿reto imposible? (III)

Afortunadamente, la situación de sequía en el país reporta hoy una clara mejoría en comparación con los años anteriores. Mientras que el 15 de mayo de 2021 se alcanzó un 55% del territorio nacional bajo la categoría de sequía severa, para el 31 de mayo de 2022 el ...

Ramón Aguirre

Ramón Aguirre

Registro Tláloc

Afortunadamente, la situación de sequía en el país reporta hoy una clara mejoría en comparación con los años anteriores. Mientras que el 15 de mayo de 2021 se alcanzó un 55% del territorio nacional bajo la categoría de sequía severa, para el 31 de mayo de 2022 el 32% del país estaba bajo esa misma clasificación. En este año 2023 la cifra alcanzó el 23% para el 31 de marzo, menor que los otros años y en una fecha menos avanzada. Aquí tenemos dos buenas noticias: el problema de sequía ya está disminuyendo y es evidente un cambio en la climatología, donde nos empezó a llover más temprano, esperando, consecuentemente, un mejor año de lluvias en comparación con los anteriores.

Sabemos que desde 2020 hasta 2022 nos encontrábamos bajo la influencia del fenómeno climatológico de La Niña, que se caracteriza por una disminución de la temperatura del océano Pacífico y, con ello, cambios en los patrones de vientos alisios. Esto se traduce en menores lluvias en el centro, en el norte y en el noreste del país, lo que generó la sequía que padecimos.

Para este 2023 nos encontramos en etapa de transición para pasar al fenómeno de El Niño, por lo que se presume una mejora en la situación de la sequía en México. Se espera que las lluvias se distribuyan en mejor forma en el territorio nacional y si bien con ello no se genera una solución al 100% del problema de falta de agua en algunas zonas y presas, cuando menos se espera que la situación no se complique aún más.

Para muchos, la sequía que se presentó corresponde a un ciclo normal del clima, mientras que, para otros, es un reflejo de los avances del cambio climático, que ocasiona cambios en los patrones de precipitación y, con ello, un aumento en la frecuencia e intensidad de eventos extremos, como sequías e inundaciones.

Ya sea un caso o el otro, se trata de situaciones totalmente fuera del control de los usuarios; situaciones que simplemente no podemos evitar y donde sólo nos resta tomar acciones preventivas que nos permitan enfrentar y disminuir los efectos de una sequía, como lo es un Plan de Gestión Integral que involucre a los diferentes usuarios, acuerde reglamentos para el manejo eficiente del agua y del cuidado y conservación de cada cuenca en México, promueva la reutilización y el reúso, y combata la contaminación, la deforestación, la sobreexplotación de los acuíferos, etcétera.

Todo lo anterior es muy importante, pero aun llevado a un extremo, resulta insuficiente ante una sequía. Necesitamos trabajar intensamente en dos aspectos principales: generar una mayor eficiencia en el campo como factor esencial para alcanzar la sustentabilidad, así como asegurar el abastecimiento de agua a nuestras ciudades.

En el caso agrícola, las principales regiones de cultivo están en el centro y norte del país, ubicadas, precisamente, dentro del 67% del territorio mexicano, clasificado como árido y semiárido. Tratándose de un sector que consume el 75% del agua, alcanzar altos niveles de eficiencia en su uso resulta no sólo lógico, sino también estratégico, sobre todo en aquellas regiones que dependen de pozos en acuíferos sobreexplotados, donde se deben disminuir las extracciones para no agotarlos.

Por otro lado, para asegurar el abastecimiento de agua a nuestras ciudades es necesario contar con fuentes de reserva, algo que ninguna ciudad en México tiene, pero que son indispensables, especialmente para aquellas ciudades donde se recibe agua proveniente de fuentes superficiales como presas, lagunas o ríos.

  • Aunque el problema de sequía este año ya no es tan grave, necesitamos tomar acciones preventivas para enfrentar la falta de lluvias que, sabemos, en un futuro seguramente se volverá a presentar. Ante esa eventualidad, en el campo se puede llegar al extremo de disminuir las áreas de cultivo, pero en las ciudades es inaceptable pensar que se puede dejar una zona o a miles de personas sin abastecimiento.

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