Votar, acto de plena libertad
Ocho ciudades de México están entre las más violentas del mundo.

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
El precio de desentenderse de la política es el de ser gobernado por los peores hombres.
Platón
“Ofrezco a ustedes, señores y señoras magistrados, así como al resto del Poder Judicial, a los legisladores y a todos los integrantes de las entidades autónomas del Estado, que no habré de entrometerme de manera alguna en las resoluciones que únicamente a ustedes competen. En el nuevo gobierno, el Presidente de la República no tendrá palomas mensajeras ni halcones amenazantes. Ninguna autoridad encargada de impartir justicia será objeto de presiones ni de peticiones ilegítimas cuando esté trabajando en el análisis, la elaboración y ejecución de sus dictámenes y habrá absoluto respeto por sus veredictos. El Ejecutivo no será más el poder de los poderes ni buscará someter a otros poderes”. Estas palabras fueron pronunciadas por el flamante Presidente de la República en 2018 en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Entre las razones por las que millones de mexicanos votaron por el actual Presidente en 2018 estuvieron sus 100 promesas de campaña, –la que está líneas arriba la copié íntegra por su relevancia actual–, que ilusionaron a los mexicanos; han pasado ya casi cinco años y, de acuerdo con los analistas, 60 de sus cien promesas no se han cumplido (La Silla Rota, 1, junio, 2023). Pero, en cambio, para sorpresa de muchos, desde el primer día se dedicó a destruir todo lo construido a lo largo de sexenios, e hizo de la corrupción su modus vivendi, como está ampliamente documentado.
Con la mano en la cintura, el señor Presidente destruyó el IMSS, el Seguro Popular, el Plan Nacional de Vacunación, el Infonavit, la Profeco, la Conago, las estancias infantiles, las escuelas de tiempo completo, el Fondo de Estabilización, el Fonden, el CIDE, la UDLA, la CNDH, la Conade, Prospera, Aserca, Procampo, el INEE, la CRE, el Inai, Banxico, el INE, Financiera Rural, el Coneval, igualmente atacó y ataca sin piedad la división de poderes, a la UNAM, e insulta y amenaza a diestra y siniestra a todo el que se atreva a decir la verdad de lo que ocurre; además, su actuación a nivel internacional es verdaderamente deplorable.
Su incapacidad para enfrentar la violencia y la inseguridad hace que tenga el récord sexenal en asesinatos; ocho ciudades de México están entre las más violentas del mundo.
Frente a este triste panorama, cuando sus actos, sus declaraciones y sus amenazas parecen destruir la unidad, la concordia y la vida de los mexicanos, debemos actuar.
Lo primero que tenemos que hacer, en lo personal y como miembros de una comunidad que se llama México, es darnos cuenta de la gravedad de la situación; lamentablemente, muchos mexicanos aún no perciben lo que está ocurriendo y va a ocurrir, otros son indiferentes, porque están ocupados en sus vidas, porque nunca les ha interesado o están decepcionados de eso que se llama política.
Pero lo que ocurre y ocurrirá va a afectar a todos, a nuestros hijos y nuestros nietos; si no logramos un cambio, viviremos en una dictadura en la que no tendremos ni voz ni voto, y nuestras quejas o demandas serán ignoradas como sucede en Cuba, Venezuela o Nicaragua.
Pero tenemos un arma poderosa que no hemos sabido usar: el voto; la credencial del INE que nos permite decidir qué queremos y qué no queremos en el futuro. Votar, hoy más que nunca, debe ser un acto de libertad y no deben afectarnos ni amenazas ni dádivas. Sabemos claramente quién es el enemigo que ha dañado a México y sabemos cómo votar.
En esta elección de hoy 4 de junio, y las que seguirán, nuestro voto es fundamental; si logramos hacer valer nuestras razones, contribuiremos a que el país recupere lo que ha perdido; la victoria depende de nosotros, no podemos ser indiferentes.
Votar es un acto de libertad, y nuestro voto puede salvar a México.