Violencia sin fin
Mi querido viejo: ¿te acuerdas de nuestras aventuras de la primaria y la secundaria?; estábamos estrenando la vida, comenzábamos a ubicarnos en el mundo, aprendíamos a trompicones las clases de Aritmética, Geografía, Historia, qué sé yo, y comenzábamos a tener ...

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Mi querido viejo: ¿te acuerdas de nuestras aventuras de la primaria y la secundaria?; estábamos estrenando la vida, comenzábamos a ubicarnos en el mundo, aprendíamos a trompicones las clases de Aritmética, Geografía, Historia, qué sé yo, y comenzábamos a tener relaciones con nuestros compañeros, unos más alegres que otros, unos más educados que otros, y así vivimos.
Seguramente tienes recuerdos vívidos de algún hecho importante: el día en que el profesor te felicitó por tu tarea, o cuando el otro maestro te regañó delante de todos; tal vez recuerdas tus hazañas en basquetbol o la vez que perdieron lamentablemente el campeonato. Y sí, también puedes recordar a aquel muchacho grande, obeso, agresor, que se peleaba con todos y lo expulsaban una y otra vez.
Pero en aquellos tiempos, mi querido viejo, no recordamos peleas callejeras, ni agresiones multitudinarias; cierto, las noticias no eran tan difundidas como ahora, pero estarás de acuerdo conmigo en que vemos cada día más violencia en todos lados: en la calle, en los comercios, en las escuelas, en los estadios, tal parece que hemos olvidado que somos seres humanos y nos comportamos como trogloditas cavernarios que respondemos con agresión a cualquier cosa que nos incomode.
Pero lo lamentable es que parece que gozamos de ese espectáculo, porque los noticieros presentan una y otra vez las escenas de jóvenes destrozándose entre sí, mujeres peleando a plena calle, soldados contra comerciantes y los comentaristas parecen gozar al presentar una y otra vez las escenas violentas y sangrientas.
¿Te gusta eso, querido viejo?, ¿te das cuenta de la degeneración que representa?, ¿piensas que no hay remedio porque los mexicanos somos así?
Yo como tú, querido viejo, aprendí de mis padres principios y valores que son la base de todo lo que hacemos en la vida, aprendí de mis maestros a respetar a los demás y tratar de vivir en armonía, y he aprendido a lo largo de mis años que, como dijo Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.
Creo que debemos hablar con nuestros nietos al respecto, para que eviten actuar como trogloditas y tengan respeto a los demás, educación en las relaciones personales, y profundo respeto a la vida, así podrán actuar como seres humanos y no como desquiciados.
Una buena charla con ellos te hará dar cuenta de que son tan nobles como tú, pero que a veces los compañeros agresivos los contagian y les hacen perder la dignidad que heredan de su mamá y de ti.
Todo lo que hagamos para limitar o impedir que la violencia se apodere de la sociedad mexicana será bienvenido; a todos nos toca de algún modo. Y tú, como yo, querido viejo, podemos hacer algo cada día.