Somos novios

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo: Alicia y yo hemos estado recordando a nuestros viejos, y nos damos cuenta de el profundo amor que ellos tuvieron a su pareja: mi padre, aún a su ya avanzada edad, tocaba el piano para repetir la melodía Carmelucha, que compuso para mi madre cuando la conoció, y mi querida doña Alicia, que amaba la canción de Armando Manzanero Somos novios y la traía a colación en nuestras reuniones.

Y es que hay algo que no podemos ignorar: la felicidad de una pareja no depende de la lozanía de la piel ni del brillo de los ojos, de la apostura o condición física, sino de algo más importante: el amor.

Y esto se dice como si fuera fácil, ya que en tan sólo un año, se registraron 486 mil 645 matrimonios en el país, de acuerdo con el Inegi. Eso quiere decir que casi medio millón de mexicanos ofrecieron a su amada “amarla y respetarla todos los días de su vida”, y ellas respondieron emocionadas con un “sí” que fue coreado por aplausos, abrazos y sonrisas.

Y ha sido por siglos y, como dicen en los cuentos de hadas: “y vivieron felices para siempre”. Aunque debemos reconocer que el asunto no es tan sencillo ni que todos los matrimonios vivieron felices para siempre.

Porque, al pasar los meses y los años, esa relación mágica puede debilitarse o perderse, y las causas pueden ser muchas: la llegada de los hijos, diferencias en gustos y ocupaciones, el exceso de trabajo, o simplemente “el hartazgo”, algo difícil de expresar pero que todo el mundo conoce.

Eso da por consecuencia que en México se registraron 161 mil 932 divorcios, según el reporte del Inegi, lo que equivale a una proporción de 33.3 divorcios por cada 100 matrimonios: las mujeres se divorciaron, en promedio, a los 41.1 años, mientras que los hombres lo hicieron a los 43.6 años.

El hecho es que ya muy pocos matrimonios son para toda la vida, de hecho, la mayor crisis en las parejas se da después de las dos décadas de relación, y que estos divorcios representan uno de cada tres casos, informó el Inegi.

Pero además, querido viejo, los motivos detrás de los matrimonios que no prosperan suelen ser la falta de compatibilidad o comunicación, violencia o agresiones, problemas financieros y la infidelidad. Y muchos de ellos, aunque sigan viviendo bajo el mismo techo, viven distanciados, enojados, “a la greña”, y son infelices.

Y entonces nos preguntamos, querido viejo, cuál es la razón por la que hay matrimonios felices a través del tiempo.

La felicidad en los matrimonios de la tercera edad se basa principalmente en la convivencia diaria, el respeto mutuo y la gestión pacífica de las diferencias, más que en el trámite formal del matrimonio en sí.

Las claves de la felicidad en parejas mayores son: la convivencia y compañía: estudios recientes indican que el bienestar proviene de compartir la vida y el hogar, aportando estabilidad emocional.

La paciencia y comunicación: las parejas maduras han aprendido a tolerar, negociar y ceder ante las diferencias con mayor paciencia.

Los proyectos en común: disfrutan sus metas compartidas, como viajar o emprender actividades cotidianas juntos, fortalece la relación en esta etapa.

Eso lo sabes tú, querido viejo, y si ahora disfrutas plenamente a tu compañera es porque desde el primer día fueron formando esa unión que nadie puede romper: ya que desde siempre han sido una pareja feliz.

Y quiero recordar contigo a Armando Manzanero:

“Somos novios,/ pues los dos sentimos mutuo amor profundo/ y con eso, ya ganamos lo más grande de este mundo./ Nos amamos, nos besamos/ como novios,/ nos deseamos y hasta, a veces, sin motivo/ y sin razón, nos enojamos./ Somos novios,/ mantenemos un cariño limpio y puro./ Como todos,/ procuramos el momento más obscuro/ para hablarnos,/ para darnos el más dulce de los besos,/ recordar de qué color son los cerezos./ Sin hacer más comentarios,/ somos novios”.

Manzanero tiene razón, nosotros, desde el primer encuentro, somos novios.

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