Somos importantes y felices

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo, platicando con unos amigos de nuestra edad (entre los 75 y los 90 años) alguien se quejó y nos confesó que sus vecinos y hasta la gente de la calle lo veían como Viejo, así, con mayúsculas, como si fuera un objeto inútil y desechable, y algunos incluso se alejaban de él. Nosotros le dijimos que lamentablemente eso lo vemos, lo sentimos y lo padecimos a veces, pero que todos nosotros formamos un ejército de hombres y mujeres excepcionales, que por el sólo hecho de vivir muchos años merecemos respeto y atención, como todos los viejos del mundo. 

Porque viejo, old o vieux significa algo muy valioso: esa palabra reúne la experiencia personal de muchos años, las alegrías, las tristezas, las búsquedas, los logros y, con el paso del tiempo, los recuerdos; y gracias a todo eso vivimos felices cada día que la vida nos da.

Disfrutamos muchas alegrías cuando vemos a hijos y nietos, pero también cuando vemos esas fotos viejas, algunas en blanco y negro, otras un poco borradas, que nos traen recuerdos de momentos felices de nuestra infancia, juventud y edad madura. Y al hacerlo, recordemos aquellos momentos inolvidables cuando terminamos la primaria y la secundaria, cuando iniciamos la universidad sorprendiéndonos con todo lo que hay en el mundo. Recordamos con el corazón latiendo fuerte, cuando conocimos y nos enamoramos de aquella jovencita de ojos color del tiempo y sonrisa demoledora, y revivimos esos años felices que han continuado hasta hoy.

Los viejos somos tan felices como los jóvenes, conocemos nuestro cuerpo mejor que ellos, sabemos que el paso del tiempo se acompaña de cambios en el cabello, arrugas en la cara, molestias y dolores en los huesos, y algunos de nosotros tenemos enfermedades que requieren toda la atención, y la consulta, los consejos, los estudios y los medicamentos de nuestro médico preferido, y sentimos gran consuelo cuando los achaques, molestias y dolores mejoran, y seguimos adelante.

Lamentablemente, debemos reconocer que muchos queridos viejos no tienen esa suerte, porque ignoran o desprecian sus achaques, no tienen capacidad económica para ir al médico o a una clínica, y ver avanzar sus enfermedades sin poder controlarlas; estos viejos queridos, que vemos rondando los hospitales, merecen atención que deben proporcionar las autoridades de salud, lo que lamentablemente no se realiza, porque en 2018 se canceló, de una manera inhumana, el Seguro Popular, y cientos de miles de mexicanos perdieron sus derechos, su salud y tal vez su vida.

Pero tú y yo estamos aquí, querido viejo, y debemos pensar en la maravilla de estar vivos un día más, y otro, y otro, y casi sin darte cuenta ya tienes esos años que no creíste vivirías, y eso es lo que debemos celebrar.

No se vale estar triste, ser gruñón o malencarado, querido viejo, cada día cuenta y cuenta mucho, sonríe al despertar, mírate al espejo y sonríe al encontrar esa imagen que conoces, ya con arrugas, ya con poco pelo, o con falta de algunos dientes; sonríe tanto como puedas y tu día será mejor.

Porque, como varias veces te he dicho, vinimos a este mundo para ser felices, para lograr con nuestro trabajo y nuestro esfuerzo vivir bien y de buenas; bien, porque cuidamos nuestra salud tanto como podemos, y de buenas, porque la sonrisa y el buen ánimo nos permite vivir plenamente.

Somos importantes, querido viejo, y podemos ser tan felices como lo queramos. Nadie nos puede tachar de “viejos” con desprecio; quien lo hace no sabe lo que dice.

Y tú, querido viejo, ¿cuántas veces sonríes cada día?

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