Rigidez, tronidos y calambres

La sarcopenia origina “tronidos” y los “calambres”.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Si al despertar te crujen los huesos,

¡alégrate!, estás vivo.

J. Peters

Mi querido viejo: uno de los achaques que con más frecuencia me comentan mis amigos lectores son los derivados de los músculos y las articulaciones, porque se levantan rígidos, y a veces les es difícil salir de la cama, la espalda, sobre todo la baja espalda, está dura como una tabla y duele, y los miembros, tanto las manos como los pies, “crujen” cuando se inicia el movimiento, y eso es por demás molesto.

Y además, lo que también ocurre es que, súbitamente, en medio de la noche, sienten una violenta contractura de un pie o una pierna, los músculos se ponen rígidos, y duele, duele mucho; esos “calambres” como les llaman, son espasmos inesperados de algunos músculos, que despiertan a quien los sufren y tardan varios minutos en ceder, cuando los músculos afectados vuelven a estar en reposo.

¿Por qué ocurre esto, querido viejo?, porque el tiempo pasa y nuestro cuerpo, como toda maquinaria, necesita mantenimiento, y en la mayor parte de los casos, quienes sufren los “crujidos” de sus articulaciones o los “calambres” de sus músculos han descuidado su cuerpo, y al paso de los años el cuerpo se queja.

Porque los huesos de nuestro organismo son maravillosos, toleran las cargas de todos los días, de todos los años, las presiones cuando tenemos que mover muebles o cargar bultos, y poco a poco van perdiendo calcio, se van haciendo débiles y se deforman, sobre todo en las uniones con otros huesos; al mismo tiempo, en las propias articulaciones hay, entre hueso y hueso, unos cartílagos que amortiguan las presiones, que se van desgastando y acaban por desaparecer, por eso al abrir y cerrar la mano o al mover un brazo podemos sentir el “crujido” del que hablo.

Finalmente, tanto los tendones que unen los músculos a los huesos, como los propios músculos, se debilitan, los tendones se hacen rígidos y los músculos se adelgazan –con esa condición de la que he hablado que se llama sarcopenia (falta de músculo)–, y eso origina tanto los “tronidos” como los “calambres” que se presentan en el momento más inoportuno.

Mi querido viejo, si tú no tienes estos síntomas, enhorabuena, y los consejos que aquí daré serán como prevención para que nunca los sufras, y si ya has experimentado estos síntomas, lo que aquí escribo servirá para tu rehabilitación, porque no debes olvidar que la capacidad de rehabilitación del ser humano es mucho más grande de lo que imaginamos.

Te aconsejo lo siguiente, querido viejo: abrir y cerrar las manos, tratar de abrir y cerrar los dedos de los pies, movilizar las manos en círculos y los pies también, mover la cabeza en un sentido y en otro, alzar los brazos por encima de los hombros, algo que puede ser difícil al principio, pero que poco a poco puedes hacer, mover el tronco de un lado a otro, doblar las piernas como si fueras a marchar.

Y para los calambres es conveniente prevenirlos con alimentos ricos en potasio, o tabletas efervescentes de potasio, y tratarlos con fricción activa cuando se presenten.

Y al levantarte, ¡estira las corvas! Muchos queridos viejos comienzan a caminar con las corvas un poco dobladas y eso no sólo afecta las rodillas, sino que predispone a una caída, y sabes que las caídas siempre serán peligrosas.

No podemos regresar el tiempo, pero sí podemos cuidar ese cuerpo que nos ha acompañado tantos años y con el que viviremos hasta el último día; recuerda: alimentación buena, ejercicio físico (incluyendo éstos que señalé), y sobre todo una actitud positiva frente a la vida y frente a los “tronidos” y los “calambres”.

Médico y escritor.

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