¿Qué se siente ser abuelo?

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo: ahora que hemos celebrado una vez más el Día de los Abuelos, no puedo pasar por alto los sentimientos que tengo, por haber tenido abuelos, y ahora por ser abuelo de muchos nietos. 

Si por alguien todos tenemos sentimientos gratos es por los abuelos –sea el abuelito amable o la abuelita sonriente, están en nuestro corazón siempre–, porque representan una etapa de nuestra vida en la que todo parecía amable y positivo.

Yo recuerdo a mi abuelo Chanito, Feliciano Álvarez, serio y amable, que me felicitaba cuando llevaba mis calificaciones de primaria y me regalaba una moneda de 20 centavos –una fortuna, porque un helado costaba 10 centavos–, y junto con él mi abuelita Chita, cuyo horrible tupé café se le cayó un día para exhibir su maravillosa cabellera blanca. Juntos nos reuníamos los domingos para escuchar por la radio las canciones de Cri Cri, el Grillito Cantor, cuyas letras nos aprendíamos de memoria.

Esos recuerdos, querido viejo, llenan nuestros corazones de recuerdos y alegrías, porque en esos años, no teníamos más preocupación que aprender a leer y escribir, y cantar las canciones de Cri Cri, reír mucho y jugar futbolito en el patio de la escuela. Pero el tiempo corre, nos hicimos adultos, decidimos ser padres y lo logramos, con la mejor intención de ser padres ejemplares, y tuvimos a nuestros hijos, fruto del amor, a los que intentamos educar de la mejor manera para que fueran “mexicanos completos”.

El tiempo pasó, y un día supimos que nuestros hijos, siguiendo la tradición milenaria, a su vez se convertirían en padres, y que llegarían los nietos, que sólo nos dan alegría, porque no tenemos la responsabilidad de su educación.

Estos nietos, querido viejo, son la alegría de nuestra vejez, porque nos recuerdan que la vida sigue, como lo ha hecho por siglos, y que ellos llevarán algo de nuestra formación, educación y costumbres, junto con las novedades que tiene cada día y cada año.

Yo me siento inmensamente feliz, junto con la abuela de mi corazón, y juntos disfrutamos tanto como sea posible sus vidas, sus logros, incluso su accidentes, fracturas o enfermedades, y viajamos juntos tanto como sea posible.

Gracias a eso, como abuelos hemos gozado junto con ellos los viajes a las ciudades cercanas, al mar, a ciudades en el interior del país, y las experiencias que hemos tenido nos llenan el corazón. Y yo te pregunto, querido viejo, ¿qué sientes ahora que eres abuelo?

No negarás que es una sensación única que llena el corazón de alegría, y que a la vez nos hace soñar y desear que esos nietos sean sanos y felices, que tengan la mejor educación y el mejor desarrollo en sus vidas.

Esa sensación, querido viejo, es única y podemos disfrutarla, porque yo tengo amigos que tienen una muy buena vida, pero que no son abuelos, y siento que, en el fondo, sienten que algo falta para tener su existencia completa.

Ahora que hemos celebrado el Día del Abuelo, te invito a que sigas siendo feliz, que celebres y disfrutes a tus nietos sabiendo que la ley de la vida sigue y seguirá a través del tiempo. Porque me doy cuenta que nuestros nietos pensarán de nosotros lo mismo que nosotros pensamos y recordamos a nuestros abuelitos queridos; ese lazo de amor es único y vale la pena preservarlo.

Lamentablemente, sé de muchos casos de abuelitos olvidados e ignorados por los nietos, muchos viviendo en la pobreza, con enfermedades que acaban sus vidas, y eso es inhumano y debemos denunciarlo para que se corrija; afortunadamente, hay cientos de asilos que pueden ayudar a que esos años sean menos tristes para los queridos viejos.

Un saludo para todos los abuelitos del mundo.

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