El Principio de Peter y otros

Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano 

Goethe

Cuando era estudiante estuvo de moda el llamado Principio de Peter, cuyo autor Laurence Peter aseguraba que todos ascendemos por niveles en nuestro trabajo u ocupación hasta que lamentablemente alcanzamos nuestro “nivel de incompetencia”. Esta idea no es nueva, ya desde 1511 Erasmo de Rotterdam escribió Alabanza de la estupidez, y en los siglos recientes hemos visto El poder de la estupidez, de Giancarlo Livregui; Nuevo elogio del imbécil, de Pino Aprile, y La imbecilidad es una cosa seria de Maurizio Ferraris.

Esto significa que, queramos o no, un buen número de ciudadanos son estúpidos y, por ende, hagan lo que hagan, llegarán a un nivel de incompetencia, con todas sus consecuencias; entender esto nos permite ver más claramente lo que vemos en el gobierno.

El nivel de competencia o incompetencia surge desde la infancia; se supone que todos los mexicanos deben recibir principios y valores de sus padres, para vivir mejor, pero el simple principio de respeto al medio ambiente se ignora, y vemos a los miles de aficionados vitoreando a México en el Ángel de la Independencia y luego tirar toneladas de basura. Yo recuerdo cuando estuve en Francia, cientos de ciudadanos íbamos a comer al Jardín de Luxemburgo, y al final de la comida, todos llevábamos los restos a los contenedores, de modo que el hermoso jardín lucía limpio y hermoso al caer la tarde. 

Pero este nivel de incompetencia continúa en todos los aspectos de la vida: ¿qué tanto cuida usted su salud, estimado lector?, ¿cuántos objetos inútiles guarda ?

Y si vamos a nivel de nuestro gobierno; ¿cómo están la mayoría de las oficinas públicas?, ¿cuánto tiene que esperar para que encuentren un documento que solicita?, ¿por qué de 2025 a lo que va de 2026 hay 21 mil presos sin juicio?, el nivel de incompetencia es más que evidente.

Y ¿qué pasa con la obra pública? Aquí hemos documentado el gasto inútil en obras faraónicas, iniciadas por el señor que ya no está, pero dejó un reguero, errores, corrupción, ocultamiento, creación del monopolio del huachicol que no para, y sobre todo, su asociación con los cárteles de la droga.

Llega el nuevo gobierno, y en lugar de analizar lo que ocurrió, reconocer los daños y tratar de corregirlos, la señora Presidenta proclama “el Segundo piso de la Cuarta Transformación”, como si el primero hubiera servido para algo.

¿Qué ofrece el gobierno?: “Que el pueblo decida”, como si la responsabilidad no fuera del gobierno, y lo que salga mal es consecuencia de la decisión del “pueblo bueno”. ¿Ofrece combatir a los cárteles?, no, porque “no hay pruebas”, ¿ofrece detener al exgobernador Rubén Rocha Moya por los delitos que todos conocemos?, no, “porque no hay pruebas”, ¿ofrece investigar y castigar a los funcionarios de la 4T aliados con los delincuentes?, no, porque “no hay pruebas”. ¿Ofrece la FGR resultados en las investigaciones de los cárteles, de los delitos de cuello blanco? no, porque “no hay pruebas”. Todo esto confirma que nuestro gobierno ha llegado a su nivel de incompetencia, y que en estos dos años está cada vez peor  

Las mañaneras con la confirmación de que los libros sobre estupidez e incompetencia tienen razón; este gobierno llegó muy pronto a su nivel de incompetencia.

Lo confirmamos cada mañana en el discurso en Palacio Nacional, cada día más confuso, mentiroso y siempre a la defensiva; lo confirmamos en el fracaso de la economía, que crecerá 0.01% este año; lo confirmamos en Pemex, la petrolera más endeudada del mundo; lo confirmamos en salud, que tendrá la mayor morbi-mortalidad por falta de atención y lo confirmamos por los 135 mil desaparecidos...  

Este nivel de incompetencia no puede seguir así; allá en el horizonte se asoma la confirmación de Somos México como un partido político que tiene las bases y los argumentos para enfrentar a Morena, y más pronto que tarde cambiar el lamentable panorama que vivimos.

Y cuando esto suceda, estimado lector, todos debemos participar para que México olvide y supere este lamentable nivel de incompetencia. Muchos de los esfuerzos para mejorar a México han fracasado por la ignorancia, abulia o desinterés de los mexicanos por su patria; somos muy buenos para gritar “viva México” en al Ángel, pero no para formarnos y votar para que las cosas cambien.

Y usted, estimado lector, ¿piensa participar, combatir y votar?