Paternidad responsable, no romantizada

Imagen de la Mujer

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Por Marisol Escárcega

Sin duda, tener la tarea de educar a otra persona es una de las labores más complicadas, sino es que la mayor. Cada decisión que tomemos l@s afectará para bien o quizá no, de ahí la importancia de que, tanto madres, padres, o incluso otra persona que funja con esta labor, la ejerza con absoluta responsabilidad.

Es claro: nadie nace sabiendo cómo hacer las cosas. Y como cada situación en la vida, la mayoría de las veces aprendemos sobre la marcha. Ser madre o padre no es la excepción, sin embargo, a diferencia de otras experiencias y pese a lo que se piensa, no empezamos de cero cuando nos convertimos en madres o padres.

Y es que, constantemente decimos que no hay ningún manual que nos instruya, pero nos equivocamos. Sí que lo hay. Nosotr@s somos ese manual. Si hay alguien que puede saber cómo fue nuestra infancia somos nosotr@s y nuestr@s herman@s, si es que tuvimos.

Sabemos cómo nos trataron nuestros padres, qué sí nos gustó, que no, qué nos lastimó, qué sí nos hizo felices. Así que sí sabemos cómo ser, no “buenos padres” porque eso sería idealizar, pero sí padres responsables.

Sin embargo, muchas veces, en el caso de los papás, confunden (no sé si a propósito) esa responsabilidad con hacer lo mínimo y, encima de eso, la sociedad se los aplaude. Crecemos normalizando que el padre es el proveedor y que ya con eso cumple con la parte que le corresponde dentro de una familia. Sin embargo, nos olvidamos que los papás también deben involucrarse en algo más que dinero o “ayudar” a las mamás a educar y formar a las infancias. Y digo “deben” no como una imposición, sino como la oportunidad de ser parte activa en la formación de una persona.

Hace no mucho, una muy querida amiga me decía que se había sacado la lotería porque su pareja era el hombre perfecto. Al referirse a él, enumeraba todas las acciones que él realizaba, como contarles cuentos a sus dos hijos, bañarlos, llevarlos a la escuela, incluso (y lo subrayo) prepararles el desayuno, y remató diciendo que por eso no se oponía a que los sábados él tomara un “descanso”, porque la “ayuda” mucho con los niños. No, pues nada más le faltaba darle el premio al Mejor Papá del Mundo. Claramente, aquel hombre estaba en un pedestal.

Este caso es un claro ejemplo de la romantización de la paternidad, en la que hombres, como la pareja de mi amiga, hacen lo mínimo y aun así se llevan todas las palmas.

Porque, dejemos algo muy claro, bañar a l@s hij@s, contarles cuentos, hacer tarea con ell@s, prepararles el desayuno, llevarl@s a la escuela y muchos etcéteras no son cualidades, sino actividades mínimas que cualquier padre o madre debe hacer por sus hij@s, ésa es su chamba, pues, entonces ¿por qué le tendríamos que poner una estrellita en la frente a un papá sólo porque juega con su hijo?

La maternidad y la paternidad van más allá de dar techo, salud, educación y cuidado a l@s hij@s. No, eso es lo mínimo que se debe hacer, porque se supone que para eso quisimos (espero) ser madres o padres.

Así que dejemos de romantizar a los papás que cambian pañales, porque ése es su trabajo. Dejemos de aplaudir a aquellos que se desvelan cuidando la fiebre de su hija, porque ésa es su labor como padre.

Una paternidad responsable no se trata sólo de llevarlos los domingos a un parque y enseñarl@s a andar en bicicleta, sino a saberl@s querer con amor, paciencia y respeto; a comunicarnos y hablar de cualquier tema con ell@s y a tener la honestidad de mostrarnos vulnerables ante sus ojos y dejar el “tengo que ser fuerte y no llorar” que sólo es una acción machista que refuerza la cultura patriarcal.

Sabemos cómo nos educaron, así que tenemos en nuestra manos la oportunidad de romper el patrón y educar de otra manera mucho más sana y responsable a las nuevas infancias.