El silencio de los inocentes
Muchos personajes o grupos se dan cuenta de los errores cometidos y sus posibles consecuencias, pero si con su silencio condonan lo que ocurre, serán parcialmente responsables de lo que pasará

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
El silencio es cómplice
A. Hopkins
En 1991 apareció una cinta que marcó para siempre a Anthony Hopkins y a Jodie Foster y enfatiza las graves consecuencias del silencio frente a la injusticia; en estos días, la voz de los ciudadanos ante lo que ocurre en el país es fundamental, todos queremos que le vaya bien a México, que los proyectos de la administración se realicen, y que si surgen errores, omisiones o violaciones a la ley, nosotros podamos alzar la voz, solos o en grupo, so pena de ser cómplices silenciosos de lo que pasa.
Muchos personajes o grupos se dan cuenta de los errores cometidos y sus posibles consecuencias, pero si con su silencio condonan lo que ocurre, serán parcialmente responsables de lo que pasará.
El primer grupo de inocentes está en el círculo íntimo del señor Presidente, desde su asesor personal y la Secretaria de Gobernación hasta el Embajador de México en la Organización de las Naciones Unidas, pasando por los secretarios de Relaciones Exteriores, Hacienda, Energía, Educación y demás; su silencio es ominoso, y cuando alguno de ellos lo rompe y expresa algo contrario a la palabra presidencial, sufre las consecuencias; lógico es que todos estén callados.
El segundo grupo de inocentes está en quienes asisten a las cada vez más aburridas conferencias mañaneras, que según los análisis estadísticos cada día despiertan menos interés por la falta de veracidad, la falta de precisión en cifras y datos y por las mentiras o verdades sin sustento o no verificables, que oscilan entre 30 y 40 por día; los asistentes están en silencio, no hacen preguntas que puedan “molestar” al señor Presidente, prefieren elogiarlo para que él se luzca y cuando un reportero se le enfrentó con cifras y datos, ya sabemos lo que ocurrió.
El otro grupo de inocentes está en los millones de mexicanos que votaron por Morena creyendo que la vida les iba a cambiar para siempre; eufóricos, gritaron una y otra vez que era “un honor estar con Obrador”, asisten a sus presentaciones, en especial en la provincia, acarreados o no y se sienten felices porque son invitados a gobernar a mano alzada con el señor Presidente; muchos de ellos perdieron sus empleos, muchos no tienen ahora estancias infantiles para sus hijos, otros lamentan que los dineros que les ofrecieron no llegan, que los trámites son engorrosos, otros más han perdido dinero por los bloqueos de las carreteras o han sufrido robos, asaltos y secuestros, pero como son incondicionales de Morena, con su silencio seguirán aprobando lo que ocurre.
Y, finalmente, los inocentes que más importan a México son quienes desde antes de la elección hablaban de los problemas que surgirían si ganaba el señor Andrés Manuel López Obrador, los que una y otra vez criticaron sus acciones y sus discursos, repudiaron los bloqueos de las avenidas de la ciudad, los insultos al presidente en turno y a las instituciones y ahora, a seis meses de que inició su sexenio, están en silencio y no hacen nada.
Así están los miembros más conspicuos de los partidos políticos, desmembrados como grupo, ni el PRI ni el PAN ni los demás partidos han alzado la voz; su silencio es debido en parte a que reconocen su responsabilidad en lo ocurrido y en parte a su incapacidad para consolidar una oposición coherente, inteligente y proactiva.
Así están también los miembros de instituciones importantes, academias e institutos de arquitectura, medicina, cultura, leyes, etcétera, que no han abierto la boca, a pesar de ser interlocutores legítimos u órganos consultivos del gobierno federal; callan ante las torpezas realizadas en sus áreas y con su silencio condonan mucho de lo que está pasando
Y finalmente, están los lamebotas de siempre, los que lo mismo vitorean a un político que a otro, carecen de dignidad y de principios, como decía Groucho Marx: “si no les gustan mis principios, tengo otros”; esos no merecen ni un comentario.
En estos tiempos, el silencio puede ser cómplice, y los ciudadanos debemos alzar la voz, solos o con organizaciones de la sociedad civil, para lograr que México sea lo que todos deseamos; nuestra responsabilidad es importante.
Si nos callamos ahora, más adelante lo lamentaremos.