El alcohol y la presión arterial

“El whisky baja la presión arterial, el coñac la sube”.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

MITO

“El whisky baja la presión arterial, el coñac la sube”.

Desde hace mucho tiempo se han estudiado los efectos del alcohol para la salud y, por supuesto, se sabe que el exceso de ingestión de alcohol en cualquier forma puede causar una lesión hepática grave y mortal. Más de 35 mil mexicanos mueren cada año por esa causa. Pero el consumo de alcohol es universal y alrededor de eso se han tejido mitos y consejas sobre los diversos alcoholes, señalando diferencias entre ellos.

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CONSECUENCIA

Atribuirle propiedades benéficas o perjudiciales al alcohol y sus derivados es un pretexto o excusa para no beber o para beber mucho. Las estadísticas de enfermedades por alcoholismo, obesidad, infartos, etcétera, ocultan un problema: el exceso de ingesta de alcohol es perjudicial para la salud y no hay pretextos “científicos” para su abuso.

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REALIDAD

El whisky es una bebida alcohólica obtenida por la destilación de la malta fermentada de cereales como cebada, trigo, centeno y maíz, con un envejecimiento en barriles de madera, tradicionalmente de roble; en tanto, el coñac está elaborado a partir del aguardiente que se produce de la doble destilación del vino de uva en alambiques de cobre, y de ahí, sin ninguna evidencia clínica o científica, surgió la conseja de que la presión arterial baja con el whisky, pero sube cuando se bebe coñac. Los alcoholes fuertes: tequila, mezcal, whisky, coñac, ron, ginebra y otros tienen entre 30 y 40% de alcohol, y sus efectos son reales, ya que beberlos puede subir la frecuencia cardiaca y la presión arterial a niveles no saludables.

Por otra parte, los diferentes vinos de uva, que contienen del 10 al 14% de alcohol, se pueden beber solos o en las comidas (una o dos copas) sin efecto.

Las discusiones y controversias acerca del efecto benéfico o perjudicial del alcohol son más retóricas que ciertas y responden a los intereses personales y preferencias de los bebedores; seguramente usted conoce a alguien que afirma que “ha tomado diario una copita de tequila” en la mañana y, gracias a eso, vive sano, y a otro que señala que “una copa de coñac en la noche es la fórmula para dormir feliz”, y uno más que asegura: “¿Alcohol?, ¡jamás!, sólo para limpiar las heridas”.

Además, no se puede ignorar que el alcohol en todas sus formas contiene calorías y contribuye al aumento de peso no deseado (recuerde la figura de quienes están acostumbrados a beber un six pack de cerveza, ostentan un abdomen prominente que no cabe en el pantalón).

Además, el alcohol puede interferir con la eficacia y el aumento de los efectos secundarios de algunos medicamentos, incluyendo los usados para tratar la presión arterial.

Desde tiempos inmemoriales, el alcohol es parte de la dieta del ser humano; debemos aprender a degustarlo con conocimiento y sensatez; quien no desea beber, que no lo haga, en gustos se rompen géneros.

Y no olvidar que todos los alcoholes, no sólo el coñac, tienden a subir la presión arterial, por lo que beber demasiado alcohol puede subirla a niveles no saludables.

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