Detener la catástrofe
Nuestra Constitución ha sufrido muchos cambios, pero lo esencial permanece y es la que cuida y protege a todos los mexicanos.
Todos o casi todos aprendimos en la escuela primaria el inolvidable apotegma “El respeto al derecho ajeno es la paz", y supimos que, al finalizar la Revolución, se elaboró una Constitución que consagra las libertades de los ciudadanos, la organización del país y las leyes que lo rigen. Nuestra Constitución ha sufrido muchos cambios, pero lo esencial permanece y es la que cuida y protege a todos los mexicanos.
Esta Constitución es la que han proclamado todos los presidentes, incluso el que en 2018 tomó posesión de la Presidencia; solemnemente, alzó el brazo y juró cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen; todos lo recordamos.
Lo recordamos porque aun antes de haber jurado, Andrés Manuel López Obrador decidió que las leyes eran para romperse, y por sus pistolas canceló uno de los más importantes proyectos de desarrollo sin importarle el costo financiero y político que causaría; de nada sirvieron los argumentos de sus colaboradores, y las pérdidas ultramillonarias que causó y sigue causando; a partir de entonces sólo se ha hecho lo que a él se le antoja, y así nos ha ido.
Sus dichos matutinos han hecho historia: “Sacar petróleo no tiene ciencia”, y hoy tenemos a Pemex, como la empresa más endeudada del mundo, en manos de un agricultor. “la educación es de fifís y conservadores”, y el Conacyt se deshizo en manos de una mujer ignorante; “el Seguro Popular ni es seguro ni es popular”, y al cancelarlo dejó sin atención a millones de mexicanos que aún sufren porque no tienen atención. “El covid se evita con una estampita de Detente”, y murieron más de 850 mil mexicanos. “No vacunaría ni a mis nietos”, dijo su segundo de a bordo, y hay miles de niños muertos por cáncer. “No vamos a talar ni un árbol”, y talaron millones de árboles arruinando la ecología de Yucatán. “Se gasta mucho en los fideicomisos”, y se cancelaron miles de ellos, con la ruina consecuente. “Tendremos salud como en Dinamarca”, y así estamos, “No es mi fuerte la venganza” y ataca de mil maneras a quien denuncia su corrupción, “Yo tengo otros datos”, excusa utilísima para mentir 100 veces al día. Sus insultos son tan conocidos que cuando un chamaco los dice, comentan: “ya estás hablando como López”.
Pero de todas sus frases hay dos que lo marcarán para siempre: “No me vengan con el cuento de que la ley es la ley”, y otro, “abrazos, no balazos” y las consecuencias de esas dos afirmaciones la estamos sufriendo todos los días.
¿Cuáles son las consecuencias de la actitud del señor Presidente y su grupo durante estos años?, decir catástrofe podría sonar catastrófico, pero es la realidad. Y lo peor es que los meses y años por venir serán terribles en todos los órdenes para los mexicanos. Para colmo, después del 2 de junio reconocimos que todos los partidos políticos perdedores no tienen ni presente ni futuro; no quiero hablar de sus directivos porque me da náusea ver hasta qué punto de abyección ha llegado la “política” mexicana en manos de esos individuos.
Los mexicanos que amamos a México necesitamos encontrar de nuevo el camino de la democracia y la libertad, y debemos defender a nuestro país de la intentona de convertirlo en una dictadura que viola la ley al querer tener una sobrerrepresentación en las Cámaras, lo que es totalmente ilegal.
Alza la mano una organización llamada Frente Cívico Nacional, con el entusiasmo y la dirigencia de Guadalupe Acosta Naranjo, hombre de larga trayectoria que propone que Frente Cívico Nacional se convierta en Partido Político, y ya propuso que el segundo domingo de agosto irán al INE a exigir sus derechos, para evitar que haya una sobrerrepresentación en el Congreso de la Unión. Vale la pena escucharlo porque, de una forma u otra, hay que detener la catástrofe que se avecina.
