¿Cuánto pesa la edad?
Si no supieras en qué año naciste, te verías en el espejo, analizarías todo lo bueno que tienes y tomarías decisiones para tener mejor salud

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Mi querido viejo, ¿has pensado que la edad pesa? Por favor, piensa un momento conmigo en cómo vemos las cifras de edad desde los primeros años hasta la vejez, y cómo de esa manera de ver se derivan muchas actitudes por demás interesantes
Imagina al niño que ya tiene seis años, —yo lo vi en mi nieto—, quien, al preguntarle su edad, dijo: “tengo seis años y en marzo cumplo siete”. O sea que tiene el anhelo de ser ya mayor de la edad real que tiene.
Y el adolescente tiene 15 años, pero quiere tener ya 18, para ser mayor de edad, lo mismo que la jovencita que quiere tener más años para gozar de más libertad en su casa o en la escuela, ambos sienten que al tener más años serán más importantes.
A las mujeres —no a todas, afortunadamente— los años treinta les preocupan sobremanera; si no se han casado, y comienzan a decir mentiras piadosas cuando les preguntan su edad. Y no se diga si llegan a ese cambio de vida que se llama climaterio, “yo no creo tener tantos años como para que esto me suceda”, dicen, contrariadas.
Los adultos no se preocupan de su edad, hasta que alguien los saluda y les dice: ¡cómo has cambiado!, y reflexionan, “ya llegué a la edad de la manteca”, y corren a ver a su médico para que analice su presión arterial, su colesterol y demás sustancias de las “personas de edad”.
¿Y nosotros los viejos? Creo que hay dos grupos, uno, los que dicen su edad con tranquilidad, con alegría y con satisfacción y disfrutan todos los días de todos los años sin que les pese ni el número ni los comentarios de los amigos; y el otro grupo, los que niegan su edad, se tiñen el pelo, compran un coche deportivo, cambian de vestuario e incluso de pareja, porque la edad les pesa.
¿Pesa la edad?, me preguntarás. Sí, querido viejo, pero depende del grupo en el que estás: el de los que viven plenamente o el de los que consideran que los años son algo que cargan a cuestas.
Si eres del primer grupo, ¡enhorabuena!, la edad no te pesará, pero si eres de los del segundo grupo, la edad te va a pesar y es posible que eso afecte tu salud física y, sobre todo, tu salud emocional.
Hace poco leí un artículo interesante que hace una pregunta respecto al peso de la edad: “¿Cómo te sentirías si no supieras en qué año naciste?”. Porque, si no supieras la cifra, no sabrías qué tan cronológicamente viejo eres y los números no significarían nada para ti.
Si no supieras en qué año naciste, simplemente te verías en el espejo, analizarías todo lo bueno que tienes y tomarías decisiones para tener la mejor salud física y mental.
De modo que te invito a que olvides los números, que no significan nada al ver cómo están tus amigos o compañeros de tu misma edad: gordos, flacos, sanos, enfermos, alegres, tristes, etc., no dejes que la edad te pese y serás feliz.
*Médico y escritor
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