Cuando vayan mal las cosas

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo mi querido viejo

Lo que no me mata me hace más fuerte.

Friedrich Nietzsche

 

Mi querido viejo: me reuní hace unos días con unos amigos, compañeros de toda la vida que disfrutamos charlando de aquellos años de primaria y secundaria, y las mil y una anécdotas de nuestras vidas. No cabe duda que hemos sido afortunados, porque vivimos nuestra infancia y adolescencia de manera tranquila, aprendiendo a conocer el mundo y, gracias a nuestros padres y a aquellos maestros maravillosos nos formamos, crecimos, hicimos nuestras vidas y aquí estamos, comenzando el año.

Y resulta que, de una manera o de otra, llegaron a la conversación los sucesos que han llamado la atención: la violencia que sigue en todo el país, la detención y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, a la que siguió una ola de violencia nunca antes vista; y no sólo eso, sino que en la conversación hablamos de la guerra del fin del mundo que pretende Donald Trump para acabar la civilización y unificar a todos los países. Hombre inculto, con delirios de grandeza, desconoce y desprecia a todo el que cuestione sus políticas.

Y en México seguimos mal, dijo otro compañero: la salud de los mexicanos está mal, y lo mismo se puede decir de la Economía –señaló otro–, y de Pemex, CFE, y hasta las trampas de las nuevas leyes electorales, comentaron todos.

En algún momento nos quedamos todos callados, sin saber qué decir, pero uno de nosotros alzó la voz y dijo: creo que el mundo siempre ha sido así, a veces grato, a veces difícil, a veces optimista, a veces pesimista, y nos pidió que recordáramos un poema de Rudyard Kipling. Y pronto encontramos un libro en el que estaba Cuando vayan mal las cosas, poema que Kipling escribió en 1895, para lograr una motivación centrada en la resiliencia.

Su lectura fue de enorme provecho para todos, porque nos hizo recordar aquellos años en que comenzábamos a conocer el mundo, con todo lo bueno y todo lo malo que tiene; quise compartirlo contigo, querido viejo, porque todos hemos vivido momentos semejantes:

Cuando vayan mal las cosas, como a veces suelen ir,

cuando ofrezca tu camino sólo cuestas que subir,

cuando tenga poco haber, pero mucho qué pagar

y precises sonreír aún teniendo que llorar,

cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir

descansar acaso debas, pero nunca desistir.

Tras las sombras de la duda, ya plateadas, ya sombrías

puede bien surgir el triunfo, no el fracaso que temías

y no es dable a tu ignorancia figurarse cuán cercano

puede estar el bien que anhelas y que juzgas tan lejano,

lucha, pues por más que en la brega tengas que sufrir

¡cuando todo esté peor, más debemos insistir!

Si en la lid el destino te derriba, si todo tu camino es cuesta arriba,

si tu sonrisa es ansia insatisfecha, si hay faena excesiva y vil cosecha,

si a tu caudal se contraponen diques

¡date una tregua, pero no claudiques!

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