Desde Cortés y Morelos hasta Pancho Villa y Fox
Sabemos bien que nuestros antepasados nativos de Tenochtitlán tenían un herbolario particularmente rico y que entre las hierbas sagradas estaba la cannabis; y sabemos que Hernán Cortés trajo a América 20 toneladas de cáñamo y que después de la conquista mandó a ...

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Sabemos bien que nuestros antepasados nativos de Tenochtitlán tenían un herbolario particularmente rico y que entre las hierbas sagradas estaba la cannabis; y sabemos que Hernán Cortés trajo a América 20 toneladas de cáñamo y que después de la conquista mandó a traer semillas y plantas de cannabis con fines industriales. Por otra parte, es evidente que los marinos peninsulares, que habían tenido contacto con los moros, usaban la cannabis con fines recreativos.
La yerba estuvo sin duda en la guerra de Independencia y al parecer don José María Morelos siempre traía consigo una ración, porque padecía de una migraña que según sus propias palabras lo ponía al borde de la locura, (de ahí su eterno paliacate) y ya desde entonces la mariguana fue popular entre la tropa, lo que cualquiera comprueba al entonar la canción de La cucaracha.
Por cierto, la satanización de la mariguana está en relación con Pancho Villa, —quien gustaba escuchar y aún cantar La cucaracha—, y la manipulación informativa que hizo Randolph Hearst cuando supo que el cáñamo podría ser mejor para fabricar papel que la madera, de la que él tenía gran provisión; a partir de 1920 difundió en sus diarios historias de horror diciendo que “la mariguana era la responsable de robos, asaltos y asesinatos perpetrados por negros y mexicanos”, y eso derivó en la Ley Volstead de 1926 que criminaliza a quienes produzcan o consuman cannabis.
Lo que ha sucedido después es una comedia (o tragedia) de equivocaciones, porque en México se prohibió —imitando a Estados Unidos—, luego se permitió, y luego se volvió a criminalizar, e incluso existe una risible tabla de años y meses de cárcel de acuerdo con la cantidad de gramos de cannabis asegurados al “delincuente”.
¿Cuántos individuos han muerto o están en la cárcel por la mariguana?, ¿cuánta corrupción de policías, agentes, ministerios públicos, jueces, abogados y funcionarios de aquí y de allá existe por la mariguana?, no lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que hoy por hoy no es ni científica ni legal ni éticamente justificado seguir como estamos en relación con un producto que es más inofensivo que el alcohol, que el tabaco, que las armas o que el automóvil.
Un investigador del ITAM, Rodrigo Muñoz Nava, en su tesis La injustificabilidad de la prohibición legal de las drogas (www.mind-surf-net/drogas) dice: “Si lo que pretendemos es proteger la salud de las personas, establezcamos controles sanitarios a la producción. Si lo que pretendemos es proteger el entorno familiar del consumidor, no los pongamos en contacto con criminales sea para adquirir las sustancias o como compañeros de prisión. Si lo que pretendemos es regenerar a los delincuentes, no fomentemos un negocio que convierte en irrisorio un modo honesto de vivir. Si lo que pretendemos es proteger a la sociedad, no facilitemos la obtención de importantes recursos económicos a personas sin escrúpulos, sean delincuentes o policías… la prohibición ha generado todo aquello que pretende evitar; resulta absurdo que una norma jurídica tenga como resultado la generación de violencia y coadyuve a la descomposición social al promover la ilegalidad en todas sus formas”, más claro ni el agua.
Podemos reírnos de Vicente Fox, quien pretendió, con muy poco éxito, hacer un foro para abordar seria y científicamente el asunto, pero no podemos ignorar dónde está el problema y sobre todo dónde está la solución.
*Médico y escritor