Elecciones, encabritamiento y subsidios
Cada jornada electoral desata una avalancha de tesis en donde analistas, periodistas y políticos dibujan el panorama de lo que ocurrirá. Pero al comparar los pronósticos con lo sucedido se encuentran fracturas no imaginadas por el pronosticador, derrotas donde sólo ...
Cada jornada electoral desata una avalancha de tesis en donde analistas, periodistas y políticos dibujan el panorama de lo que ocurrirá. Pero al comparar los pronósticos con lo sucedido se encuentran fracturas no imaginadas por el pronosticador, derrotas donde sólo había victoria, así como triunfos de los ocurrentes candidateados. Mucho del pronóstico electoral parece seguir esa popular teoría que dice: lo que piensas, deseas y repites hasta el cansancio, es muy probable y, casi seguro, que se realice”. Cada vez que oigo el coro generalizado: “Vamos a ganar, vamos a ganar”, recuerdo derrotas electorales históricas, porque sus promotores pensaron que la hipnosis partidista se le contagiaría a todo el electorado. Gran desilusión. Existen, incluso, brujos de la acción electoral que entran en shock porque el pueblo no entendió su mágica estrategia. El día que se pague conforme a resultados, bajará el número de científicos de la operación electoral.
Pasada la elección, la realidad continúa quemante para la sociedad. Me gustaría mencionar sólo a un sector: El agrícola y su relación con el consumidor. Al productor de trigo se le restringe su ingreso al mercado, con un precio que busca sostenerse mediante importaciones que aumentan la oferta nacional y jalan el precio hacia abajo, “para evitar el disparo de precios del pan, sopa y otros insumos”. La argumentación es loable y “de profundo sentido social y político”. Pero la realidad es muy diferente. El agricultor, que malvende el fruto de su esfuerzo en 4 pesos, a la hora que comprar ese trigo procesado, en forma de pan o tortilla, paga a precios que no guardan ninguna proporción con el precio de la materia prima que él produce.
Haga Usted cuentas: un kilo de trigo al productor: 4 pesos, un kilo de pan de caja: 43.75 pesos. Y para producir ese kilo de pan se requieren: 600 gramos de trigo (o sea 2.40 pesos). Sume usted levadura, sal, gas, grasas, ingredientes para el pan y réstele mermas de molienda trigo-harina, y las cuentas seguirán mostrando precios desquiciados en los dos extremos: de un lado el productor, mal pagado, al que se quiere remediar con subsidios y programas y, por otro, el consumidor, con vales y campañas de “esperanzas”. El kilo de esponjas y conchas está hasta en 84 pesos, lo que equivale a 600 grs. de trigo; o sea, el agricultor tiene que vender 21 kg de trigo, para comprarle a su familia un kilo de conchas o esponjas. A este cálculo ajústele los factores que desee y, de cualquier forma, no pasará el análisis.
Un día, monopolios, oligopolios y plutocracia tendrán que entender que la irritación social está al límite, ante el libertinaje de precios para el consumidor y la política absurda de subsidios que nunca llegan. De ahí el surgimiento de una vieja imagen, describiendo la molestia extrema del macho cabrío, embistiendo y quebrando todo lo que esté en su camino; o sea: hay encabritamiento en todos los sectores de la sociedad. Esto demuestra que ni es cierto el balance en automático de oferta-demanda, para dar mejores precios al consumidor, y que lo que se gasta por estado en las grandes panaceas, como la Profeco, son pura farsa. El Estado debe actuar con realismo y responsabilidad, dejando la demagogia, ante un pueblo harto de ofertas partidistas, y cuyo efecto propagandístico es una rueda de molino con la que nadie puede comulgar, hablando ya de molinos, y no sólo de trigo.
Por eso, desde el Senado, actuaremos con esta visión de la realidad, sin glaucoma distorsionante.
