El mayordomo no es culpable… es el chofer
Las vías de comunicación siguen siendo corredores con olor a muerte. El pasado 19 de mayo, nuevamente, “los trenes asesinos con ruedas de hule”, sumaron un accidente mortal más a su larga lista, la cual ya ha ocasionado miles de hogares enlutados en, prácticamente, ...
Las vías de comunicación siguen siendo corredores con olor a muerte. El pasado 19 de mayo, nuevamente, “los trenes asesinos con ruedas de hule”, sumaron un accidente mortal más a su larga lista, la cual ya ha ocasionado miles de hogares enlutados en, prácticamente, todo el país.
Nueve jóvenes y dos adultos perdieron la vida en la vía Ciudad Valles-San Luis Potosí, cuando la camioneta en la que viajaban fue literalmente “aplastada” por el remolque de un autotransporte de carga. Sólo un estudiante milagrosamente salvó la vida.
Esta es una historia recurrente, como lo señalamos en este diario el 2 de diciembre de 2014, con el título “Herodes Maneja Doble Remolque en las Carreteras Mexicanas”, donde se reafirma lo cuestionable de la competitividad y la mayor eficiencia que se logra con el uso del autotransporte de carga con doble remolque, y si estos adjetivos económicos están por encima de los derechos de quienes tenemos la necesidad de hacer uso de las vías de comunicación por donde circulan estos monstruos de carga.
En los hechos, esta aseveración parece confirmarse. Buscar a los culpables es necesario, no solamente por darle seguimiento al proceso judicial y garantizar que se cumpla la ley. Culpar únicamente al chofer de un camión accidentado, exhibe la pobreza del horizonte con que se observa a una industria de transporte de carga que tiene anacronismos y un desarrollo dispar, con graves y criticables desequilibrios.
Los conductores de camión de carga manejan presionados por el clima, sobrecarga en su vehículo, sobredimensión del propio y los otros autos que transitan junto a ellos, distancia y tiempo que les marcan en la empresa, resultando jornadas fuera del rango de seguridad, densidad excesiva en muchos tramos, tensión por temor a asaltos, y agregue usted los etcéteras que se hacen evidentes a cualquier viajero medianamente observador.
En el accidente mencionado hubo once víctimas mortales, que significan once homicidios, por lo menos imprudenciales… y no le busquemos… ¡El culpable es… el chofer! El vehículo con doble remolque tuvo una falla, se desprendió la segunda sección, y se provocó así la mortal colisión. Esto no habría ocurrido si el sentido común, el reglamento y la ley estuvieran vigentes prohibiendo el aberrante doble remolque… pero, claro, el culpable es el chofer.
El pasado 23 de abril presenté al pleno del Senado una iniciativa de Ley que tiene como principal objetivo prohibir la circulación de unidades de autotransporte de carga con doble remolque, la cual se turnó para su análisis y dictamen correspondiente a las comisiones unidas de Comunicaciones y Transportes y de Estudios Legislativos.
A mis compañeros de estas comisiones les pido que analicen casos como el mencionado y, por esto, aceleren la aprobación de la misma.
Quienes han impulsado la idea de que se siga manteniendo el doble remolque, desde las empresas y las comisiones respectivas, en las áreas de autoridad de transporte federal, no pueden ni deben continuar privilegiando rentabilidad y negocio, aunque parezcan profesionales y estadísticamente soportados sus argumentos, frente a una realidad que, cada día, resulta más evidente y dolorosa.
El sofisma —mentira con apariencia de verdad— no puede ser el punto de partida para dialogar sobre lo justificable de este transporte, único en el mundo… por sus mortales dividendos.
A las familias que lloran a las víctimas de este accidente, comprendemos su dolor y frustración, les acompañamos en su infinita pena, y seguiremos luchando contra los intereses que sostienen este absurdo y peligroso transporte, verdadero germen de lo sucedido.
*Senador de la República por el estado de Chihuahua.
