Predios ricos, municipios pobres (III)
Finalmente, llegamos a la conclusión de este crucial tema, en el que el postulado principal radica en que los municipios que tienen una recaudación propia relevante basada fundamentalmente en el impuesto predial, terminan subsidiando a otros, a través de recibir menores ...
Finalmente, llegamos a la conclusión de este crucial tema, en el que el postulado principal radica en que los municipios que tienen una recaudación propia relevante (basada fundamentalmente en el impuesto predial), terminan subsidiando a otros, a través de recibir menores participaciones federales y, en contraparte, montos mayores se destinan a las arcas municipales con bajos niveles de recaudación propios.
Este escenario paradójico se ha presentado por muchos años y no ha podido revertirlo ni la dureza de algunas administraciones federales, desde la Secretaría de Hacienda, ni la política con su alternancia y pluralismo.
Solamente la coyuntura que nos llega de fuera, con elementos demoledores para la economía, puede actuar como bálsamo para este tumor de fierabrás, tan enraizado en nuestro desequilibrado sistema fiscal.
La pérdida repentina de ingresos fiscales nacionales ha forzado a la planeación de un presupuesto 2016 totalmente diferente en sus bases, a todos los presentados en los últimos lustros.
La base cero de un presupuesto refleja seriedad en la planeación, sabiendo que peces y panes surgen milagrosamente sólo en los evangelios, nunca en los ejercicios fiscales del siglo XXI y, por lo mismo, ajustar el gasto a los bajos ingresos esperados no es cuestionable si se argumenta con seriedad.
Industria, comercio, turismo, servicios, la gran empresa, más que el pequeño propietario de una casa de interés social, han gozado por muchos años de un impuesto predial simbólico en la mayoría de los municipios del país.
Las empresas exportadoras mexicanas tienen bonanza en volumen y márgenes de rentabilidad alta. Bancos en México reportan a sus matrices del exterior dividendos muy por encima de sus utilidades en otros países.
Todo lo anterior son premisas de un silogismo fiscal que nos lleva a conclusiones realistas:
1.- Todos los niveles de gobierno deberán ajustar su relación de ingreso-gasto en 2016.
2.- Los municipios olvidaron su obligación recaudadora propia y han vivido en gran parte de participaciones y apoyos federales y estatales.
3.- La estabilidad social y oportunidades para la población deben y pueden preservarse, aun en ajustes presupuestales macro.
4.- Las empresas socialmente responsables y sectores inmobiliarios y de alto rendimiento, deben evaluar su aportación real a la comunidad donde se asientan, comparando su pago predial con el que hacen sus matrices, sucursales o colegas, en el exterior.
5.- El municipio tendrá pleno desempeño, cuando cobre ponderadamente y generalizado, el impuesto predial, bajando su nómina escandalosamente alta en muchos ayuntamientos.
6.- El gobierno federal y el presidente Enrique Peña Nieto han logrado sortear la gran crisis petrolera en estos meses con un manejo fiscal adecuado. Ahora, en lo que se refiere al municipio, está la gran oportunidad de que la crisis la convierta en eso: oportunidad de reformarse, transformarse y servir a plenitud en las necesidades cotidianas de sus habitantes.
7.- La Reforma Fiscal, con todos sus inconvenientes para el causante, con todos los costos políticos que ha tenido, se eleva por encima de sus objeciones. Como en el deporte, llegó un segundo antes de la crisis petrolera. Sin esa reforma, nuestra economía sería inviable, como ocurrió en otros países, que viven con mayor crudeza el mismo fenómeno.
8.- El mayor ingreso fiscal propio de los municipios es impostergable, dando garantía al contribuyente local, de que sus impuestos los sentirá reflejados en mejores servicios municipales, manejados no sólo con transparencia, sino, sobre todo, con honestidad y eficiencia. No es que se valga soñar, hay que hacerlo.
