Aduanas en México: cuello de botella a desaparecer (II)

En la aportación anterior, hacíamos un recuento histórico sobre el desarrollo de las aduanas en México. Hoy continuamos con dicha exposición señalando las acciones que reforzarán la actividad aduanera y los pendientes que tenemos para impulsarlas. La última gran ...

En la aportación anterior, hacíamos un recuento histórico sobre el desarrollo de las aduanas en México. Hoy continuamos con dicha exposición señalando las acciones que reforzarán la actividad aduanera y los pendientes que tenemos para impulsarlas.

La última gran reforma a las aduanas se llevó a cabo en el 2013, entrando en vigor el siguiente año, con un nuevo reordenamiento y estableciendo las bases de operación para la preinspección aduanera de vehículos y mercancías por parte de la SHCP y la preinspección migratoria de personas, a cargo de la Segob.

Con ésta se busca desfronterizar las inspecciones, haciéndolas en el interior y así facilitar importaciones y exportaciones, impulsar la apertura comercial y establecer el intercambio de información entre autoridades de forma ágil, además de promover el turismo y reducir los tiempos de los viajeros en los puntos de inspección en los aeropuertos de México y de otros países.

Nuestro país tiene firmados 13 tratados de libre comercio con más de 40 países alrededor del mundo, razón por la cual es imperativo potencializar al máximo el funcionamiento de las aduanas.

Con referencia a la preinspección aduanera, ésta se realizaría por parte de autoridades aduaneras de los dos países involucrados, quienes verificarían de forma conjunta el cumplimiento de los requisitos de admisión, y ya sin necesidad de volver a ser inspeccionados en el territorio al que ingresen.

La nueva Ley aduanera ya contempla que los trámites de exportación puedan hacerse en un mismo momento y con los mismos formatos. De hecho, se estima que el proceso podría reducirse de 6 horas a una, y se descongestionarían los “cuellos de botella” que se presentan en los cruces internacionales.

Se estima que los tiempos de espera causan pérdidas económicas por más de siete mil millones de dólares anuales, lo que significa 62 mil empleos perdidos. En EU, por ejemplo, hay filas de hasta cinco kilómetros y tiempos que no son de espera, sino hasta horas y días.

La preinspección migratoria permitiría a las autoridades migratorias de dos países, verificar el cumplimiento de entrada de personas a su territorio, en instalaciones diseñadas para ello en el país de salida, y sin necesidad de volver a ser inspeccionados en el territorio al que van como destino.

Esta preinspección de pasajeros ayudaría a incentivar el turismo de manera importante, lo que permitirá que al llegar a su destino los pasajeros sólo se preocuparían por recoger su equipaje y, en tal caso, ocuparse de buscar su conexión al siguiente vuelo o iniciar sus actividades en la ciudad receptora.

También aplicaría en sentido inverso: cuando turistas canadienses vuelen hacia nuestro país, en su país de origen se llevaría a cabo la revisión del equipaje y de los documentos personales para ingresar al país, por oficiales aduanales y de migración mexicanos y con esto facilitar el proceso de ingreso al país.

Estas acciones, ya han sido contempladas en la aprobación de la iniciativa enviada por el presidente Peña Nieto en el año 2013, las cuales entraron en vigor en el año 2014.

Pero falta un elemento para que este esquema empiece a operar, para lo que tenemos una iniciativa en análisis en el Senado, mediante la cual se permite a servidores públicos extranjeros, aduaneros o de migración, el portar armas de fuego, con base en ciertos requisitos y obligaciones establecidos en la misma.

Con la aprobación de esta iniciativa de modificación a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, se dará un paso adelante en la modernización del funcionamiento de las aduanas en nuestro país.

La iniciativa busca permitir la portación de armas de fuego por agentes extranjeros que brinden seguridad a personas internacionalmente protegidas, como jefes de Estado y representantes oficiales, y con esto, cumplir con lo establecido en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, a lo cual México ya está obligado.

El tema aparenta escollos y resquemores que se minimizan al observar la eficiencia y agilidad de tránsito y comercio entre países que lo han adoptado. Lejos de perder soberanía lo que se hace es dejar de perder tiempo. Se justifica su aprobación en aras de lograr eficientar la operación de las aduanas, lo cual incentivará la productividad, disminuyendo costos y tiempos de traslado.

Estamos frente a una cirugía mayor en nuestros sistemas aduaneros y de control migratorio que dará en la práctica el cambio más agudo a los viejos formatos de control.

Con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, rompimos viejos moldes que hoy tienen multiplicado por casi ocho veces el intercambio de mercancías con estos países, pero con fronteras y aduanas que se quedaron en conceptos y formas anteriores. Esta iniciativa los empata y pone a tono.

Un tráiler con fruta de Michoacán, de Sinaloa o Chiapas, revisado por oficiales aduaneros de Estados Unidos o Canadá en esos mismos estados, saldrá sellado, directo a su destino en Chicago o Nueva York, sin detenerse en Nogales o El Paso, porque ya fue inspeccionado en su punto de origen.

Así de sencillo se resolvería el atasco en las fronteras, al tiempo que se eliminaría un grave factor de ineficiencia de nuestra economía.

                *Senador de la República por el estado de Chihuahua.

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