Central de Abasto, Central de Absurdos

La Central de Abasto de la Ciudad de México es el centro mayorista de alimentos más grande del país. En este centro comercial, día a día, aproximadamente, circulan más de 350 mil personas, quienes convierten a este polo comercial en el segundo centro económico del ...

La Central de Abasto de la Ciudad de México es el centro mayorista de alimentos más grande del país. En este centro comercial, día a día, aproximadamente, circulan más de 350 mil personas, quienes convierten a este polo comercial en el segundo centro económico del país, detrás únicamente de la Bolsa Mexicana de Valores.

Cuenta con una extensión de 327 hectáreas, lo que lo convierte en el centro mayorista más grande del mundo, siguiéndole el Mercado Internacional de Rungis, en Francia, con 232 hectáreas y el Mercamadrid, en España, con 176 hectáreas. Tiene 3,700 bodegas y locales comerciales. En una superficie de 150 hectáreas, cuenta con más de 11 kilómetros de pasillos en los que se encuentran productores y mayoristas de diversos ramos, según información aproximada.

En sus pasillos y pabellones clasificados se expenden diversas clases de productos, entre los que podemos mencionar abarrotes, dulces y botanas; lácteos, frutas y verduras; carnes, pescados y mariscos; artículos de limpieza, flores y hortalizas. Sus precios resultan de la mayor atracción para los consumidores, pero, sobre todo, para los intermediarios, quienes hacen su distribución a pequeños comerciantes y a los mercados del país, con su lógico margen de ganancia.

Sus instalaciones traen consigo una serie de problemas, que pudieran considerarse propios de un comercio de este tamaño; sin embargo, la naturaleza de lo que se expende, alimentos que terminan en las mesas de hogares y restaurantes, obliga a aplicar y exigir el mayor rigor posible para que los comestibles sean vendidos y manejados en las mejores condiciones de higiene y sanidad.

La Central de Abasto genera diariamente toneladas de basura, en su mayoría orgánica, que no reciben la atención adecuada, generando graves focos de infección que afectan a millones de consumidores. Al visitarla se puede observar que las escaleras de los pasillos funcionan como basureros comunales, sin restricción del paso o valla que delimite el área de desechos. Sin techo establecido —y expuestas al sol— pululan bolsas de basura, verduras en estado de putrefacción y frutas en descomposición.

El exceso de basura orgánica sin tratar origina que fauna nociva se convierta en agente contaminante para gran parte de la mercancía que ahí se distribuye. Esa fauna es causante y transmisora de enfermedades como lepra, infecciones intestinales, tifoidea, fiebre, dermatitis y reacciones alérgicas.

La problemática no es nueva y, desde hace mucho tiempo, es tema de preocupación, tanto para las autoridades de la Ciudad de México como para las autoridades del Gobierno Federal. Prueba de ello es el convenio firmado entre el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Salud del Distrito Federal, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) y el Fideicomiso para la Construcción y Operación de la Central de Abasto de la Ciudad de México.

El objeto principal del acuerdo es instrumentar acciones y mecanismos para asegurar una efectiva calidad e inocuidad de los productos que se venden en la Central de Abasto del Distrito Federal, a través de acciones comprendidas dentro del Programa de Calidad CEDA, para garantizar a la población la ingesta de productos en las mejores condiciones de higiene, sanidad e inocuidad, a fin de generar y mantener prácticas que fomenten una cultura de consumo saludable.

El cumplimiento de este acuerdo, por parte de las autoridades comprometidas, es lo menos que, como consumidores, debemos exigir, ya que de ello depende el buen estado del activo más importante con el que cuenta la población, que es la buena salud y su propia vida.

En estos días presentaré al pleno de la Cámara de Senadores un Punto de Acuerdo en el cual se exhorta al jefe de Gobierno del Distrito Federal, a la Secretaría de Salud Federal y al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) a revisar las condiciones sanitarias en las que se lleva a cabo el manejo de productos de consumo humano en la Central de Abasto de la Ciudad de México y la aplicación diaria de lo convenido.

La ciudadanía está en todo su derecho de exigir las mejores condiciones higiénicas de los productos que consume. De aquí la relevancia de este punto de acuerdo, que intrínsecamente denuncia que la firma de convenios, muchas veces ampliamente publicitados como un gran logro, resulta un fracaso por falta de seguimiento y atención a los compromisos ahí contraídos.

La proliferación de convenios y acuerdos de este tipo diluyen o reparte trabajos y obligaciones de áreas de gobierno que por sí mismas, como parte del Ejecutivo, deben hacer alarde justamente de su ejecutividad sin eludir su responsabilidad o soslayar la realidad.

Si alguien tiene dudas, que se coma tranquilamente lo que le sirven, haciendo gala de ignorancia consciente. No obstante, las pérdidas en salud son muchas, y serían evitables con más acción y menos anuncios pidiendo a la población la prevención al menudeo que no se cuida en los grandes mayoreos.

La mayor Central de Abasto de este país se encuentra en estas precarias condiciones de higiene y salubridad. ¿En qué condiciones estarán las otras centrales de abasto ubicadas en el resto de los grandes centros de población del país?

                Senador de la República por el estado de Chihuahua.

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