El sol naciente en la noche mexicana (III de III)
En esta tercera aportación presentamos el relato final de este pasaje único y extraordinario, que aún con el riesgo de ser repetitivo, me permito insistir en la necesidad de que se conozca, para guardarlo en el recuerdo y el corazón como el más fuerte eslabón entre ...
En esta tercera aportación presentamos el relato final de este pasaje único y extraordinario, que aún con el riesgo de ser repetitivo, me permito insistir en la necesidad de que se conozca, para guardarlo en el recuerdo y el corazón como el más fuerte eslabón entre los pueblos japonés y mexicano.
En esa circunstancia, el ministro Horiguchi aprovechó para pedir al carcelero mayor le permitiera una entrevista con el presidente prisionero, la que logra trasladándose al primer piso de palacio, donde le dio palabras de aliento al presidente y en un conmovedor diálogo le informó que su padre, su madre, su esposa y sus hermanas seguirían siendo protegidas por el pueblo de Japón en su legación en México.
La misma noche del 19 de febrero, Kumaichi Horiguchi estuvo al pendiente en la estación del ferrocarril hasta la madrugada, esperando en vano al presidente Madero que llegara, para su viaje a Veracruz, rumbo al exilo nunca alcanzado. En las horas de ese día, Victoriano Huerta arrebata la renuncia de Madero, firmada bajo condición de su propia liberación y se declara presidente provisional.
Ese mismo día la familia Madero y el personal diplomático recibieron en la legación el informe de que el hermano del presidente Madero había sido torturado y fusilado la noche anterior en la Ciudadela, dando consuelo en su dolor y aflicción, a sus padres y a la familia, en escena conmovedora y de gran compasión.
El jueves 20, Horiguchi, junto con el cuerpo diplomático, visita Palacio Nacional y obtiene la promesa de respetar la vida de los cautivos, “guardándolos en lugar seguro, sin liberarlos, para evitar su alzamiento”, según ofreció el falso presidente.
La noche del jueves 20 la familia Madero sale de la legación, quedando como única refugiada la esposa de Francisco I. Madero.
El viernes 21, el Presidente provisional recibe al cuerpo diplomático en Palacio Nacional y el embajador de Gran Bretaña elogia abiertamente la valentía y el altruismo del ministro de Japón, quien al salir de Palacio, recibe vítores del pueblo, mientras el presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez siguen detenidos.
El sábado 22 transcurre para prisioneros, familias y nación entera, como transcurren las horas de navegantes al garete y en la sospecha del inminente naufragio.
El domingo 23 a las 7:00 de la mañana se presenta en la legación una amiga de la señora Madero, para informarle que la noche anterior, a las 23:00 horas, su esposo Francisco I. Madero y José María Pino Suárez habían sido asesinados en su traslado a Lecumberri.
Sin pérdida de tiempo, el ministro japonés y el embajador Cólogan, de España, se trasladan a hacer gestiones para reclamar el cuerpo del Presidente, para más tarde, con los embajadores de Inglaterra y España, exigir que los funerales del presidente Madero y Pino Suárez deberían hacerse con los honores correspondientes.
Desde ese día, hasta el 23 de marzo de 1913, madame Horiguchi visitó diariamente a la viuda del presidente Madero, fecha en la que terminaron su misión diplomática en México.
Aquí termina este relato sobre la valentía mostrada por un hombre, su familia y colaboradores, para proteger la vida de mexicanos en México. Esto nos hace reflexionar sobre la importancia de que vuelvan a retomarse e incluirse en los textos de historia hechos como éste, para que nuestros infantes reciban en su educación básica, una muestra de la extraordinaria solidaridad del pueblo japonés y, sobre todo, de la valentía del excelentísimo señor Kumaichi Horiguchi, quien ayudó a salvar la vida de poco más de 30 personas, entre leales y familiares del presidente Francisco I. Madero.
Si el agradecimiento es la memoria del corazón, al haber dejado en el olvido este sentido episodio y a sus heroicos actores, mal anda ese corazón desmemoriado. Todavía es tiempo de enmendar este vicio de la voluntad colectiva nacional.
Si un día, en cada municipio de este país llega a denominarse una calle con el nombre de Kumaichi Horiguchi se estará dando una lección de los verdaderos valores que se deben exaltar ante las nuevas generaciones, en ayunas de estos por muchas razones, y una de ellas, sin duda, que la historia y la educación cívica tienen costras de polvo que no se quitan con un soplido… Requieren muchos estrujones, aquí está uno, a riesgo de que se haga escarnio por quienes en esto no ven algo pragmático y valuable en metálico. Y sostengo: la solución de los problemas nacionales tiene que pasar antes por aquí, por lo que es la gran tarea de recobrar la conciencia nacional: quiénes somos, de dónde venimos, para determinar congruentemente, a dónde podemos y debemos ir.
Senador de la República por el estado de Chihuahua.
