El sol naciente en la noche mexicana (II parte de III)
En la primera parte de este artículo, rememoraba la importancia de un suceso histórico que es necesario divulgar y reconocer, con el objetivo de resaltar el valor mostrado por el señor Kumaichi Horigoutchi, representante del pueblo japonés en nuestro país a principios ...
En la primera parte de este artículo, rememoraba la importancia de un suceso histórico que es necesario divulgar y reconocer, con el objetivo de resaltar el valor mostrado por el señor Kumaichi Horigoutchi, representante del pueblo japonés en nuestro país a principios del siglo XX.
La ciudad estaba sumida en el caos. Banca, comercio, servicios, todo suspendido, con el cálculo de más de cinco mil muertos y heridos, estimando que el 90% de las víctimas eran civiles. El ambiente se impregnaba con el olor repugnante de los miles de cadáveres incinerados con petróleo a cielo abierto.
El sábado 15 de febrero, ante la amenaza de bombardeo a la sede de la representación de Japón, sale la familia Madero a refugiarse en el Castillo de Chapultepec. Lejos de contar con la protección de fuerzas militares o policiacas en su traslado, el jefe de la Legación Diplomática, el excelentísimo señor Kumaichi Horigoutchi, decide enviar a su propia familia como escudo que goza de inmunidad diplomática para proteger a la familia Madero, a sabiendas de que las balas y la metralla no conocen de estos acuerdos internacionales.
Esa noche, más de veinte residentes integrantes de la colonia japonesa armados con pistolas, rifles y sables, custodiaron la Legación del posible ataque, hasta el amanecer del domingo 16.
El lunes 17 la fuerza de la costumbre hacía aceptar la intensidad de los cañonazos, lo que el martes 18 hizo extrañar a la población por el inusitado silencio que se percibió en la mañana de ese mismo día. Por la tarde, se recibe la información de un posible bombardeo al Castillo de Chapultepec, lo que lleva al señor Kumaichi Horigoutchi a desarrollar el operativo para llevar de regreso a la Legación a la familia Madero y a su propia familia. Entonces, se enteran de la traición de Victoriano Huerta, que desde la noche anterior había hecho prisionero al presidente Madero y a su gabinete en Palacio Nacional.
El miércoles 19 los rebeldes exigen la renuncia del Presidente prisionero, de quien escriben las crónicas su rechazo textual expresando la breve frase de “Aunque me maten, no renunciaré”.
Para presionar la renuncia, se filtra nuevamente el rumor de que se hará el bombardeo de la Legación, aniquilando a la familia Madero y por consecuencia a inocentes refugiados y a quienes les daban protección.
De inmediato, como lo relata en su sentido testimonio el honorable representante de Japón, el excelentísimo señor Kumaichi Horigoutchi, acompañado del secretario Kinta Arai, y del residente doctor Suzuki, con un maletín de emergencia, se dirigen a Palacio protegidos solamente con una pequeña banderita del Sol Naciente, entre las balas y el fuego cruzado de los bandos en conflicto, con alto riesgo para sus vidas.
Al llegar a Palacio explican el motivo de su presencia, acreditan su condición diplomática y solicitan entrevista con el jefe de la rebelión, Victoriano Huerta, la que logran de inmediato. Ahí, en larga y detallada entrevista, explican el motivo de su presencia y exigen garantías para la Legación japonesa y sus ilustres refugiados, la que sin más posibilidades en contrario es concedida, reafirmando el respeto que las normas internacional y humana establecen para estos recintos y sus residentes.
En esta entrevista, aprovecha el ministro Kumaichi Horigoutchi no sólo para exigir garantías, sino también para dejar plasmada una gran lección de humanismo en la diplomacia. Para evitar malas interpretaciones en su actuación como diplomático, entonces expresó:
“Hay un adagio en el Japón que dice que al ave perseguida que se refugia en la casa de uno mismo, no se le puede matar. Al que viene pidiendo asilo, no se le puede negar. Sin distinción de partidos ni de clases, todo el mundo tiene que ser protegido, mucho más tratándose de personas ancianas y sin protección, como los padres del señor Madero y sus familiares. Es la simpatía que tienen los japoneses por los mexicanos en general, sin distinción, y esa protección que dio la Legación a la familia del Presidente no fue por tratarse de esa familia, sino que se le daría la misma protección a cualquier mexicano”.
Continuará…
*Senador de la República por el estado de Chihuahua.
