El sol naciente en la noche mexicana (I parte de III)

Imposible pasar el mes de febrero sin que hagamos el recuerdo de los diez días más dolorosos y sangrientos en la capital, sobre todo por la muerte de civiles inocentes, incluyendo gran cantidad de mujeres y niños. En la barbarie desatada por militares, hubo muchos actos ...

Imposible pasar el mes de febrero sin que hagamos el recuerdo de los diez días más dolorosos y sangrientos en la capital, sobre todo por la muerte de civiles inocentes, incluyendo gran cantidad de mujeres y niños.

En la barbarie desatada por militares, hubo muchos actos heroicos que cada año debemos desempolvar  y redescubrir buscando siempre que en esas lecciones de civismo, germine la semilla de identidad con la patria, cuando especialmente la globalización encandila a nuestra sociedad.

En días pasados presenté al pleno de la Cámara de Senadores un resumen de acontecimientos y una propuesta de difusión de los mismos, por lo que aprovecho la hospitalidad de esta página de Excélsior, para hacerlo llegar, no sólo a los lectores, sino al corazón de ellos, demostrando así la falsedad del viejo refrán que afirma “en la guerra y en el amor, todo se vale”.

Adelante va el relato de una gran demostración de amor al prójimo en aquellos días de guerra librada en las mismísimas calles de la Ciudad de México...

En la madrugada del 9 de febrero de 1913 se alza el general Manuel Mondragón y abre las puertas de la prisión a los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz, desarrollando rápidamente una acción que da por resultado la toma de Palacio Nacional y el desarrollo de una lucha armada entre los insurrectos y las fuerzas leales al presidente Francisco I. Madero. En cuestión de horas, Palacio Nacional es recuperado y las tropas comandadas por traidores se atrincheran en La Ciudadela.

Entonces, se da el bello gesto de la Marcha de la Lealtad donde cadetes del Heroico Colegio Militar dan protección al presidente Madero en las calles de la Ciudad de México del Castillo de Chapultepec a Palacio Nacional.

Ese día, la paz y la tranquilidad de los civiles se pierden, al convertir el centro de la Ciudad de México en campo de batalla, tierra de fuego, sin seguridad para nadie, interrumpiéndose los servicios de electricidad, transporte y policía.

Al atardecer de aquel día de la gran traición, reciben refugio en la Legación de Japón los padres, la esposa y dos hermanas del presidente Madero con su personal de apoyo, en número mayor a treinta personas. Reportes iniciales informan de más de trescientos muertos y heridos frente a Palacio.

Un diario acucioso llevado en aquellos días nos permite conocer lo ocurrido al interior de esa Legación, que en la aglomeración de tantos refugiados, para el lunes 10 querían ver con optimismo la posible recuperación de la paz y la tranquilidad, lo que se desvanece cuando los combates en La Ciudadela, para el martes 11, reportan más de 300 muertos y 500 heridos.

El miércoles 12 en la dicha sede diplomática se escucha la intensificación del cañoneo y el constante tableteo de las ametralladoras que aumentaban la angustia del personal y sus refugiados, que carecían de espacios y habían agotado sus víveres.

En tal situación, residentes japoneses en México desde los primeros momentos se aprestaron a servir llevando camas, suministros y apoyar en el servicio a la familia Madero, para lo cual hacían heroicos viajes en un camión que abastecía de provisiones desde Tacubaya a la Legación, ubicada en la colonia Roma.

Igualmente, en misión diaria entre el fuego constante en las calles de la ciudad, residentes japoneses hacían labor de mensajería y comunicación telegráfica que permitiera el reporte a Tokio de lo que ocurría en su interior y en la Ciudad de México.

Para el jueves 13 se recrudece el combate y proyectiles impactan la sede diplomática, reportándose para el viernes 14 explosiones con intensificación de metralla que en paralelo siembran angustia y desesperanza a la población y a la familia refugiada.

Ese día a las 14:00 horas al escuchar alarma de incendio, desde la azotea del mismo edificio la familia Madero y el personal, observan en silencio doloroso el gran incendio provocado a la casa de la familia Madero, ubicada en la colonia Juárez.

Continuará…..

                *Senador de la República por el Estado de Chihuahua.

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