Los viejos ejércitos y nuestro Ejército Mexicano
La historia de nuestro país va de la mano con la historia de nuestros ejércitos. Desde la llegada de los primeros arcabuces a Veracruz, la increíble y admirable trama de alianzas, complicidades y audacia de don Hernando Cortés, derrumbando con un puñado de soldados al ...
La historia de nuestro país va de la mano con la historia de nuestros ejércitos. Desde la llegada de los primeros arcabuces a Veracruz, la increíble y admirable trama de alianzas, complicidades y audacia de don Hernando Cortés, derrumbando con un puñado de soldados al gran imperio, marca ya un inicio bélico de nuestra nacionalidad.
La organización del imperio conquistado reclama el respaldo de un Ejército que sostenga la autoridad del virrey y dé seguridad a su majestad, el rey de España, respecto a sus posesiones desde Honduras hasta Oregón, en la Nueva España.
En el México prehispánico, en el señorío azteca y durante el mandato de Moctezuma Ilhuicamina, floreció la instrucción militar en el denominado Calmecac, el cual era la escuela de los nobles, donde se les instruía la educación militar, además de múltiples actividades.
El proceso de colonización en el Virreinato tuvo la necesidad de crear un conjunto de fuerzas militares leales a la corona española, para defender sus territorios de amenazas frecuentes, como el acoso de la corona británica en el siglo XVIII.
Después vino la conformación del Ejército Independentista con voluntarios mineros, campesinos y obreros sin conocimientos castrenses, pueblo hecho tropa, al mando del cura Miguel Hidalgo y de los insurgentes Ignacio Allende y Juan Aldama, con don José Ma. Morelos, quienes iniciaron la lucha para no depender de España. La inestabilidad de la corona española y 11 años de por medio, llevan a la firma de los Tratados de Córdoba donde se reconoce la independencia, entrando triunfante el Ejército Trigarante a la Ciudad de México, en señal del Nuevo México independiente, el 27 de septiembre de 1821.
A lo largo del siglo XIX y principios del XX, las Fuerzas Armadas nacionales se enfrentan a los ejércitos poderosos de Francia y Estados Unidos, con episodios dolorosos para la historia patria, reflejando siempre la débil organización social y económica de donde surgían aquellas fuerzas armadas.
En 1910 estalla la sociedad con el inicio de la Revolución Mexicana, sosteniendo los ideales de: “Sufragio efectivo, no reelección” y “Tierra y libertad”, lo que desarrolla ejércitos, divisiones legendarias como la del Norte y obviamente teniendo la presencia de un Ejército federal, primero con Porfirio Díaz, después con el presidente Madero y por desgracia, también bajo el mando del usurpador Victoriano Huerta.El alzamiento de fuerzas militares el 13 de febrero de 1913 inicia diez días trágicos para el país, dándose la lucha de fuerzas leales al presidente Madero y la de insurrectos comandadas por traidores, entrando a una etapa sangrienta que se lleva en el fuego cruzado a miles de inocentes civiles habitantes de la Ciudad de México, entre los que se contaron, como lo relatan testimonios de la época, muchísimas mujeres y niños.
Este pasaje trágico de nuestra historia, entre la acción de traidores, sangre de inocentes y lances de honor de numerosos participantes, tiene un punto fundamental de defensa de las instituciones entonces vulneradas, con la acción del Congreso del estado de Coahuila que emite un decreto llamando a desconocer al presidente usurpador Victoriano Huerta y facultando al titular del Ejecutivo, el gobernador Venustiano Carranza, para que proceda a armar fuerzas para defender el orden constitucional en la República.
Este decreto fue emitido en Saltillo, Coahuila, el 19 de febrero de 1913, iniciándose así la conformación del Ejército Constitucionalista, que a la postre cumpliría con su cometido de restablecer las instituciones y lanzar de la presidencia a Huerta. Cuando festejamos a nuestro Ejército, no confundamos recordando todos los hechos de armas desde tiempos precortesianos, las fuerzas realistas, las independentistas, las de liberales y conservadores, incluyendo las luchas del presidente Juárez frente al imperio.
También están los grandes episodios de la prolongada guerra revolucionaria con todas sus batallas, hechos heroicos y la pérdida de un millón de vidas y exiliados que para las actuales generaciones resultan lejanas, no sólo en el tiempo sino, también en su conocimiento libre de confusiones. El Ejército que festejamos el 19 de febrero es un Ejército que surge en días de inmenso dolor y confusión haciendo una defensa de los más altos valores de nuestra sociedad y que por esa razón desde el primer día de su conformación y hasta la fecha, conserva un lugar, por su honor y lealtad, distinguido y diferente a todo lo castrense escrito en las páginas de nuestra historia previa al constitucionalista de Venustiano Carranza. Si se restablecieran los libros de civismo en nuestro sistema educativo, con textos de historia patria que resaltaran estos hechos plenos de civismo y auténtico fervor patriótico, no tengo duda que lograríamos generaciones que conserven identidad con sus raíces, alejando la confusión que se observa en la globalización, desdeñosa de lo que vale en el alma nacional, encandilada por los lazos y avances tecnológicos de la sociedad global.
*Senador de la República por el estado de Chihuahua
