Sheinbaum: el triunfo y la realidad económica
A la vera de su aplastante triunfo en la elección presidencial del domingo, así como del júbilo que causó entre sus simpatizantes un resultado tan sorprendente y la cascada de felicitaciones llegadas desde el extranjero, Claudia Sheinbaum debió salir ayer a ...

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
A la vera de su aplastante triunfo en la elección presidencial del domingo, así como del júbilo que causó entre sus simpatizantes un resultado tan sorprendente y la cascada de felicitaciones llegadas desde el extranjero, Claudia Sheinbaum debió salir ayer a tranquilizar a los mercados.
Éstos ya habían dado por descontada la victoria de Sheinbaum y un segundo sexenio de la autodenominada Cuarta Transformación, pero el hecho de que Morena y sus aliados hayan alcanzado la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y que probablemente la logren también en el Senado despertó sus peores temores.
Éstos se manifestaron con una súbita depreciación del peso mexicano frente al dólar, de más de 4.40%, y una caída de 6.11% en el Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores. Ambos hechos no se habían visto desde marzo de 2020, cuando los efectos del covid comenzaron a sentirse con fuerza.
Ayer por la tarde, la virtual presidenta electa confirmó que Rogelio Ramírez de la O, el actual secretario de Hacienda, se mantendrá en el cargo después del 1 de octubre, cuando ella tome posesión.
Por la mañana, en su primera conferencia matutina en cinco días –luego de guardar silencio por la veda electoral–, el presidente Andrés Manuel López Obrador relató que él había sugerido a Sheinbaum ese primer nombramiento del nuevo gabinete.
Al hablar sobre las iniciativas de reforma constitucional que anunció el 5 de febrero, mismas que Sheinbaum hizo suyas como parte de su oferta electoral, López Obrador dijo que ambos tendrían que platicar sobre qué ocurrirá con ellas cuando tome posesión la próxima Legislatura, el 1 de septiembre próximo. Sin embargo, manifestó que sería importante impulsar la reforma al Poder Judicial antes de que termine su mandato, un mes después. Dicha reforma, corazón de su paquete de iniciativas –conocido como plan C–, implica una transformación radical de ese órgano del gobierno y, en los hechos, su debilitamiento como contrapeso del Ejecutivo.
Al imaginar un México hiperpresidencialista, sin contrapeso alguno, como consecuencia previsible de la nueva mayoría calificada obtenida por Morena y sus aliados, y al escuchar al Presidente decir que insistirá en la reforma al Poder Judicial, más allá de lo que piense su sucesora, los mercados reaccionaron de una manera no vista durante la campaña electoral, cuando el peso mantuvo su fuerza y la bolsa estuvo estable.
El mensaje vespertino de Sheinbaum, en el que confirmó que Ramírez de la O será parte de su gabinete –a sugerencia de López Obrador, como digo arriba– y en el que aseguró que su gobierno actuará con responsabilidad, la virtual presidenta electa reconoció que no podrá manejarse por fuera de la realidad económica nacional y global.
La brusca depreciación del peso –que seguramente se derivó de un movimiento súbito de capitales– y la caída de la bolsa son un aviso de que los mercados, que reconocen el potencial de la economía mexicana, se inquietan al pensar en un México sin contrapesos, en el que los inversionistas podrían toparse con una revisión caprichosa de sus contratos, como las que han conocido Vulcan Materials y otras empresas.
Ayer decía yo en este espacio que lo que suceda en los próximos cuatro meses, particularmente en septiembre, marcará el panorama económico en el que arrancará el nuevo gobierno. No olvidemos, apuntaba, las serias limitaciones del gasto público que se impondrán para corregir la expansión del déficit que se ha dado en este año electoral. Pocas horas después de publicada esta Bitácora, eso quedó aún más claro.
Sí, el triunfo de Sheinbaum es amplísimo, pero de ahí a que podrá hacer lo que quiera, es un deseo que siempre será matizado por la realidad.