¿Por qué falló Xóchitl?
Ayer comentaba aquí que la candidata presidencial de la coalición PANPRIPRD perdió la oportunidad de usar el primer debate para dar un golpe contundente que emparejara la carrera presidencial. Hoy voy a profundizar al respecto. La campaña de Xóchitl Gálvez no tiene ...
Ayer comentaba aquí que la candidata presidencial de la coalición PAN-PRI-PRD perdió la oportunidad de usar el primer debate para dar un golpe contundente que emparejara la carrera presidencial.
Hoy voy a profundizar al respecto.
La campaña de Xóchitl Gálvez no tiene claras sus prioridades. Puede ser por un problema de diseño de estrategia o una falta de disciplina de la propia aspirante para centrarse en lo que realmente importa a los electores.
Su lema –“Sin miedo”– y su estrategia debieron ser más concretos. ¿Cuáles son los grandes malestares en la sociedad mexicana actual? Esencialmente dos: el temor de salir a la calle y no regresar con bien, por la acechanza de los delincuentes; y el de enfermar y no tener un médico a la mano ni medicinas disponibles. Ocuparse de otra cosa resulta una distracción.
En un país en el que buena parte de la población asume que sus políticos son deshonestos, atacar la credibilidad de Claudia Sheinbaum es una pérdida de tiempo y un esfuerzo que redituará en muy poco. Lo único que tiene que hacer la candidata oficialista es negar los señalamientos, aunque puedan ser ciertos, como ya vimos en el debate.
Misma inutilidad es que Xóchitl Gálvez insista en que no va a desaparecer los programas sociales. Hay una parte de la población que lo cree, diga lo que ella diga, y que atribuye la existencia de esos programas al movimiento del presidente López Obrador. Otra parte, formada por la clase media, no los recibe o no depende de ellos.
En cambio, el oficialismo no niega los problemas de inseguridad ni las fallas en la salud pública, porque no tiene forma de ocultarlos. En ese terreno, la candidata opositora puede ganar votos.
Todos los días los delincuentes asaltan, secuestran, extorsionan, desaparecen y matan. Casi no hay mexicanos que no puedan relatar una historia de inseguridad que les haya pasado a ellos o a alguien de su familia.
Lo mismo sucede en la salud. Quien se enferma tiene de dos: ir al sector público a perder horas y quizá no recibir los medicamentos que necesita, o pagar para recibir atención y una receta.
Vea las filas que hay en los consultorios de farmacia. Millones de mexicanos no están recibiendo la atención que requieren para curarse. Si el cuadro es catastrófico, no hay salario que alcance para recibir atención.
Por otro lado, todos conocemos a alguien que murió en la pandemia; uno de cada 160 mexicanos falleció por el covid, una enfermedad que se propagó así por la desatención del gobierno.
Como digo, el oficialismo no niega esos problemas. Lo que ha hecho es tratar de desviar la culpa. Atribuirla a los gobiernos neoliberales.
Hay que decir que, en eso, su mensaje ha sido más eficaz que el de la oposición. Por ejemplo, Sheinbaum dijo el domingo que el problema de la salud es que los gobiernos anteriores dejaron de formar especialistas. No son más especialistas lo que se necesita, sino médicos generales y medicinas, pero nadie la contradijo.
En el primer debate, Gálvez perdió la oportunidad de usar las fallas en la salud pública como ariete. Prefirió atacar a Sheinbaum por temas personales en lugar de mostrar por qué sería un error levantar un “segundo piso de la transformación”.
Todavía ayer, en el posdebate, la opositora seguía alegando que ella no mintió y Sheinbaum, sí. Esa oportunidad la dejó ir el domingo. Ya a destiempo no tiene sentido alguno tratar de aclararlo.
La campaña de Xóchitl no será eficaz mientras siga hablando de los programas sociales y la deshonestidad de su rival, dos asuntos que ella ha asumido como una cruzada personal.
Lo que a la gente realmente le importa es la insoportable inseguridad y el dramático desplome del sistema de salud. Gálvez necesita mostrar las fallas del gobierno en esos dos temas y hacer propuestas concretas para resolver dichos problemas.
De otra forma, salvo que sobrevenga un cisne negro, poco tiene que hacer en esta contienda.
