México no se alista para la robotización global
La última gran iniciativa de desarrollo del país tiene más de tres décadas de haberse impulsado. Fue la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte hoy TMEC y propició que la economía mexicana se triplicara en tamaño en las dos décadas ...
La última gran iniciativa de desarrollo del país tiene más de tres décadas de haberse impulsado.
Fue la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte —hoy T-MEC— y propició que la economía mexicana se triplicara en tamaño en las dos décadas siguientes. En 1993, el año previo a su entrada en vigor, el Producto Interno Bruto de México era de 403 mil millones de dólares; para 2013, ya era de un billón 255 mil millones de dólares.
En cuanto al valor de sus exportaciones no petroleras, éstas se han multiplicado por diez desde que el país es parte del área de libre comercio de Norteamérica. Y pasaron de representar 12% del PIB en 1993 a 31% el año pasado.
No cabe duda que transformar a México de una economía cerrada a una manufacturera de exportación fue un gran logro. Sin embargo, dicho modelo parece estar ya dando de sí. Y no solamente porque el mundo está transitando de vuelta al proteccionismo comercial, sobre los hombros de los populismos, sino porque el trabajo manual está siendo sustituido rápidamente por la automatización.
Hay por lo menos una docena de países en los que se llevan a cabo procesos sistemáticos para equipar sus líneas de producción con robots (palabra que deriva del ruso rabotat, trabajar). Por cierto, ninguno de ellos es México.
El principal, y por mucho, es China. De acuerdo con un informe del banco de inversiones Morgan Stanley, el mercado de autómatas en ese país alcanzó los 47 mil millones de dólares en 2024, o 40% del total global. Dentro de tres años, se espera que sea de 108 mil millones de dólares.
Pero no sólo eso: la Federación Internacional de Robótica estima que China agregó 300 mil robots a su planta productiva tan solo el año pasado, superando el total del resto de los países. La densidad de la automatización en el país asiático casi se duplicó en seis años, pues pasó de 97 unidades por cada 10 mil empleados en 2017, a 470 en 2023.
Otros países que han avanzado en la adopción de la tecnología robótica —aunque a la zaga de China— son Japón, Singapur, Corea del Sur, Taiwán, Alemania, Países Bajos, Dinamarca, Suecia y Estados Unidos.
A nivel mundial, la densidad media de robots pasó de 74 a 162 entre 2016 y 2023. En la Unión Europea es de 219 y en EU, de 197. El país líder en la materia es Corea del Sur, con poco más de mil autómatas por cada 10 mil empleados.
Como se ve, la robotización avanza a pasos agigantados en varias partes del mundo y se acelerará aún más con el desarrollo de la inteligencia artificial. Una de las razones que la impulsan es el envejecimiento de la población. En 2019, una de cada 11 personas era de 65 años y más a escala global; se proyecta que en 2050 sea una de cada seis.
De acuerdo con datos del Foro Económico Mundial, las empresas que no tenían planes de automatizar sus operaciones pasaron de 20% en 2018 a 16% en 2020. Y es que la robótica ofrece varias ventajas, entre ellas calidad en la fabricación, reducción en los costos de operación y mayor productividad. Después de adoptar la tecnología robótica, las empresas chinas han visto incrementar la productividad laboral en 30 por ciento. Un robot no tiene turnos de trabajo, sólo se detiene para mantenimiento y no toma vacaciones.
Este proceso de automatización tiene muchas implicaciones para México. De entrada, nuestro país no se ha subido a esa ola. No está desarrollando tecnología robótica —al menos, no al ritmo que se requiere—, por lo que tendrá que ser un importador, en el mejor de los casos, ni está equipando suficientemente rápido sus procesos productivos con robots para seguir el paso a lo que está sucediendo en otras partes del mundo. Tampoco está preparando a sus niños y a sus jóvenes, con la enseñanza correspondiente, para el mundo que está surgiendo.
Hasta ahora, México ha sido exitoso en la manufactura de exportación, gracias a la calidad de su mano de obra y a su ubicación geográfica. La pregunta es, ¿cuánto tiempo durarán esas ventajas?
