La economía mexicana enfrenta una encrucijada crítica: a pesar de la ventaja geopolítica del nearshoring y la integración en el T-MEC, el país está neutralizando su potencial mediante la erosión sistemática de la certidumbre jurídica. Este autoinfligido deterioro del clima de negocios es la causa principal de la insuficiencia estructural para generar un desarrollo sostenible.
Las cifras lo confirman. El consenso de analistas proyecta un crecimiento del PIB para este año que termina de apenas un exiguo 0.5 por ciento, cifra que mantendrá la expansión económica de los últimos siete años en menos de uno por ciento en promedio. Esto es insuficiente para satisfacer la demanda poblacional y financiar el gasto público. Un crecimiento tan limitado, incluso con las oportunidades globales, subraya que los riesgos internos están actuando como un poderoso contrapeso. El riesgo institucional se ha convertido en el principal freno para la inversión productiva.
El bajo crecimiento se refleja en el mercado laboral formal. México necesita generar cerca de 1.2 millones de puestos de trabajo formales anualmente. Sin embargo, en los primeros once meses de 2025 se lleva apenas la mitad de dicho requerimiento y diciembre suele ser un mes de pérdida de fuentes de empleo. Esta deficiencia es una consecuencia directa de la percepción de riesgo regulatorio y fiscal. Un clima de incertidumbre desalienta la inversión de alto valor que genera empleo formal, impulsando la informalidad.
Las reformas propuestas al sistema de justicia y al marco fiscal no son ajustes técnicos, sino modificaciones profundas a los contrapesos institucionales que garantizan los derechos de propiedad. La reforma judicial, con la elección popular de jueces, ha politizado la justicia y socavado su independencia. Si los jueces no son percibidos como imparciales, la protección de contratos se vuelve impredecible.
En paralelo, las modificaciones a la Ley de Amparo amenazan la protección del inversionista, al restringir la figura de la suspensión del acto reclamado. Limitar la capacidad de los jueces para suspender provisionalmente un acto perjudicial expone al capital a daños irreparables antes de la resolución del fondo del litigio. Esto obliga a los inversionistas a exigir una mayor tasa de descuento para compensar el riesgo regulatorio, encareciendo el costo de capital de los proyectos y volviendo a México menos competitivo.
El embate institucional se completa con la reforma que fortalece al SAT en detrimento del contribuyente. Al impedirse la suspensión del acto reclamado, la autoridad puede mantener la coacción mientras dura el juicio. Eso genera un riesgo de liquidez para las empresas y desincentiva la inversión de largo plazo. Más allá de las reformas, la potencial vulneración del principio de cosa juzgada por parte de la Suprema Corte –al abrir la posibilidad de anular juicios concluidos bajo alegatos de fraude– es una amenaza aún más corrosiva. Si las sentencias pueden ser revisadas indefinidamente, el marco contractual pierde toda su predictibilidad, afectando la valoración de activos y cualquier inversión a largo plazo.
Este deterioro institucional ocurre en un momento de intensificación de las presiones externas. La revisión del T-MEC en 2026 se perfila como un proceso riguroso. La Cámara de Comercio de Estados Unidos ya advirtió que la reforma judicial podría carcomer la confianza de los inversionistas y debilitar la obligación de México de garantizar un sistema judicial independiente. La convergencia de un estancamiento macroeconómico y una crisis laboral formal, con la erosión de los pilares del Estado de derecho, configura un escenario de riesgo sistémico. Las ventajas geográficas y demográficas de México no son suficientes para compensar el deterioro de sus instituciones. La inversión y el empleo formal están deprimidos porque el riesgo institucional es el principal inhibidor de la confianza empresarial.
Por eso, un deseo para el próximo año debe ser que el gobierno se entere de una vez que los pesados mecanismos de control político que se han construido desde 2018 pueden vencer el frágil piso de la prosperidad de largo plazo.
