La inalcanzable seguridad

Si alguna promesa impulsó la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador en 2018 fue acabar con la inseguridad. Hoy, con el fin de su sexenio a la vista, la promesa que hizo de devolver la paz a los mexicanos probablemente se quede sin cumplir. En los ...

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

Si alguna promesa impulsó la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador en 2018 fue acabar con la inseguridad. Hoy, con el fin de su sexenio a la vista, la promesa que hizo de devolver la paz a los mexicanos probablemente se quede sin cumplir.

En los últimos días de aquella campaña, afirmó en una entrevista que la seguridad llegaría al día siguiente de las elecciones, pues con su triunfo en las urnas se extinguirían las razones para delinquir.

En enero de 2019, a poco más de un mes de tomar posesión, auguró que el fin de la violencia tomaría cien días. Agotado ese plazo, ofreció, en su conferencia del 22 de abril siguiente, lograrlo en seis meses. En enero de 2020, dijo que sería para finales de ese año.

Sobra decir que nada de eso ocurrió. En 57 meses de gobierno, el número de homicidios está por llegar a los 165 mil y el de desaparecidos supera los 44 mil. Son números propios de un conflicto armado.

“La paz es producto de la justicia”, ha repetido López Obrador desde antes de tomar posesión. Desde ese punto de vista, y a juzgar por los resultados, la justicia sigue siendo un pendiente. El Presidente inició su gobierno apostando por una combinación de programas sociales y de acción policiaca meramente disuasiva para acabar con la violencia. El Congreso lo acompañó en su estrategia. El gasto asistencial se expandió y se creó la Guardia Nacional. Sin resultados que presumir, López Obrador admitió que se había equivocado al pensar que se podía acabar con la delincuencia sin recurrir a las Fuerzas Armadas y enlistó a soldados y marinos en las tareas de seguridad pública, a pesar de que antes había dicho que éstos regresarían a sus cuarteles. Tampoco hubo cambio.

Entonces, echó mano de sus otros datos. Comparando peras con manzanas, decretó que el ritmo de crecimiento de la inseguridad iba a la baja y decidió que eso bastaba para cantar victoria. En noviembre de 2019, su entonces secretario de Seguridad afirmó que la violencia había tenido un “punto de inflexión”. De ahí no se movió el discurso oficial. Todavía hoy, en los promocionales del Quinto Informe de Gobierno, el Presidente sigue sosteniendo que hay una baja en el número de homicidios —de 17%, dice—, pese a que el lunes pasado cien personas fueron asesinadas en distintas partes del país (sólo nueve de las 32 entidades no tuvieron homicidios ese día).

Aun concediendo que los 32 mil 223 asesinatos de 2022 son menos que los 35 mil 522 de 2018 (una disminución de 10.23%), el número acumulado de homicidios en este sexenio supera a los de cualquiera de los anteriores. El Presidente, quien en todo momento se ha negado a revisar su estrategia, se defiende diciendo que en los gobiernos anteriores terminaron su periodo con aumentos en ese rubro.

Sin embargo, eso no fue lo que prometió en su campaña electoral. El 3 de enero de 2018, en Izamal, Yucatán, López Obrador dijo lo siguiente: “A mitad de sexenio vamos a tener una situación distinta (...) Yo voy a conseguir la paz, ése es mi compromiso, voy a terminar con la guerra, no vamos a continuar con la misma estrategia que no ha dado resultados”.

En agosto de 2018, Alfonso Durazo, actual gobernador de Sonora, entonces propuesto como secretario de Seguridad, le puso números al horizonte: “La estrategia de seguridad tendrá como meta reducir entre 30 y 50% el número de homicidios dolosos en los primeros tres años del gobierno de López Obrador”. Nada de eso pasó. Pese a que el 22 de agosto de 2019 el hoy Presidente se comprometió a no establecer comparaciones con lo realizado por gobiernos anteriores, no ha dejado de justificarse diciendo que sus faltas tienen su origen en la “herencia maldita” que le dejaron.

Mientras tanto, la inseguridad sigue siendo la principal preocupación de los mexicanos; la extorsión avanza por el país; los grupos delictivos pelean las plazas violentamente, incluso con drones armados con explosivos; continúan apareciendo cuerpos colgados, desmembrados o quemados en varias ciudades, y en partes de Guerrero, Puebla, Michoacán y Colima el reciente inicio del ciclo escolar fue afectado por las balaceras.

Sí, como en una guerra.

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