La cita en Canadá
De acuerdo con datos oficiales, en los últimos 115 años ha habido 95 reuniones entre los presidentes de México y Estados Unidos, incluyendo visitas de Estado y de trabajo, así como encuentros en el marco de reuniones internacionales. Eso, claro, si no contamos la visita ...
De acuerdo con datos oficiales, en los últimos 115 años ha habido 95 reuniones entre los presidentes de México y Estados Unidos, incluyendo visitas de Estado y de trabajo, así como encuentros en el marco de reuniones internacionales.
Eso, claro, si no contamos la visita obligada de Antonio López de Santa Anna a la Casa Blanca, a donde llegó como prisionero en enero de 1837.
De esas reuniones, 35 han tenido lugar en territorio mexicano y el resto en Estados Unidos y otros lugares del mundo, como Panamá, Canadá, Perú, Alemania y Argentina.
Hay pocas relaciones entre países que sean tan importantes como la de México y Estados Unidos, por lo que las reuniones entre sus respectivos mandatarios suelen estar cargadas de símbolos, tanto históricos como coyunturales.
La que quizá tenga lugar la próxima semana entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump sería una de las más trascendentes a la fecha, por el sobrecalentamiento de los tres principales temas de la agenda bilateral –migración, comercio y seguridad–, así como por el señalamiento que hizo ayer Kristi Noem, secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, a la presidenta Sheinbaum por supuestamente instigar las protestas contra las redadas migratorias en Los Ángeles, algo que fue rechazado de forma tajante por la mandataria.
Hasta ahora los dos presidentes han conversado siete veces por teléfono, pero se verían las caras por primera vez el próximo lunes –al menos esa es la posibilidad–, durante la cumbre del G7, en Kananaskis, Alberta, a la que Sheinbaum fue invitada por el primer ministro canadiense Mark Carney.
A juzgar por comentarios recíprocos, la relación personal de Sheinbaum y Trump ha sido cordial. Muy lejos de la animadversión que se profesaban José López Portillo y Jimmy Carter, quizá la peor que ha habido entre los 16 estadunidenses y 14 mexicanos que han celebrado encuentros. Pero tampoco cerca de la amistad que nació entre Carlos Salinas de Gortari y George Bush padre, la simiente que dio lugar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Entre las 95 reuniones, las ha habido de simple cortesía, pero también algunas que han ocurrido en momentos clave, ya sea de conflicto o de oportunidad, o que han tenido consecuencias duraderas.
Por ser la primera, hay que mencionar la que se dio el 16 de octubre de 1909 entre los presidentes Porfirio Díaz y William Taft, celebrada a visita recíproca, en Ciudad Juárez, Chihuahua, y El Paso, Texas. También, la de Harry Truman y Miguel Alemán, en 1947. En la Ciudad de México, en marzo, y en Washington, DC, al mes siguiente. Además de que se llevó a cabo en el centenario de la invasión estadunidense, el tema central fue una línea de crédito a México por 150 millones de dólares.
En 1962, en uno de los momentos de mayor apogeo de la Guerra Fría, Adolfo López Mateos recibió en la Ciudad de México a John F. Kennedy, probablemente la visita de un presidente estadunidense que más se recuerde. En parte, por las anécdotas, reales e inventadas, que dejó la reunión, y también porque Kennedy sería asesinado al año siguiente por un hombre que había visitado semanas antes la capital mexicana.
En 1964, dos meses antes de finalizar su gobierno, el propio López Mateos estuvo en El Paso para atestiguar la devolución de El Chamizal con Lyndon B. Johnson.
En 1988, los presidentes Miguel de la Madrid y Ronald Reagan se vieron en Mazatlán, Sinaloa, al cabo de tres años de alta tensión en la relación bilateral, por el tráfico de drogas, y, en especial, el asesinato del agente antinarcóticos Enrique Camarena. Ese mismo año, en que ambos países tuvieron elecciones presidenciales, dio inicio la mejor relación personal entre mandatarios de uno y otro país, con el llamado “Espíritu de Houston”, entre Salinas de Gortari y Bush padre, quienes se reunirían seis veces.
Hace tiempo que no ocurre un encuentro tan trascendente como el que probablemente protagonizarán Sheinbaum y Trump, la semana próxima en Canadá. Sería, desde luego, el primero de presidentes de diferente género, pero mucho más que eso. De entrada, la imposibilidad de pronosticar el tono y sus resultados hace que sea uno de los más esperados de la historia.
