El mensaje
Hace casi 50 años, el escritor Jorge Ibargüengoitia exponía en estas mismas páginas que un artículo suyo sobre las elecciones en México podría comenzar así: “El domingo son las elecciones, ¡qué emocionante!, ¿quién ganará?” El partido que presenciamos, ...
Hace casi 50 años, el escritor Jorge Ibargüengoitia exponía en estas mismas páginas que un artículo suyo sobre las elecciones en México podría comenzar así: “El domingo son las elecciones, ¡qué emocionante!, ¿quién ganará?” (El partido que presenciamos, Excélsior, 2 de julio de 1976).
El guanajuatense ironizaba sobre la predictibilidad de los comicios en nuestro país, que casi invariablemente ganaba el PRI, el entonces partido hegemónico. Hoy, medio siglo después, parece que hemos vuelto a los tiempos en que no se requiere el don de la quiromancia para saber qué sucederá en la política.
El mejor ejemplo de lo anterior es el proceso para nombrar a quien encabezará la Fiscalía General de la República, luego de la salida de Alejandro Gertz Manero de la institución.
Como le narraba la semana pasada, Gertz envió el jueves por la tarde una carta al Senado de la República en la que dio a conocer que se retiraba del cargo. Ese verbo, y no renunciar, fue el que él eligió. Es decir, no renunció ni lo removieron: se retiró.
Pero antes pasaron varias cosas curiosas: la Presidenta dijo que nada sabía de la presunta salida de Gertz; Adán Augusto López Hernández, líder de los senadores del oficialismo, negó que la sesión convocada para ese día fuera para tratar dicho tema; para entonces, Gertz ya había nombrado como segunda al mando de la FGR a Ernestina Godoy, hasta entonces consejera jurídica de la Presidencia, lo cual la ponía en posición de sucederlo en el puesto, y la Presidenta ya había ofrecido una embajada a Gertz.
Peculiar es también que no se haya emitido un comunicado para informar de la salida de Godoy de la Consejería Jurídica y de su incorporación a la FGR, como si ése fuera un hecho intrascendente. Y no menos peculiar, que la opinión pública se haya enterado, por la misma carta, que Gertz se nos irá de embajador.
Apenas se convirtió en encargada de Despacho de la Fiscalía, doña Ernestina empezó a cambiar todo en la dependencia. Y no me refiero a las alfombras y el color de las paredes, sino a los principales funcionarios, como si ya fuera un hecho que estará allí por largo tiempo.
La cosa es que hay un proceso formal que cumplir para que eso pueda suceder. Ya sabe usted, esa cosa latosa que se llama Constitución. En 2019, cuando fue nombrado Gertz, se usó el plazo completo que establece para ello la Carta Magna: un mes. Sin embargo, ahora se quiere sacar el trámite en menos de una semana.
El viernes, el Senado lanzó una convocatoria para que se inscribieran los interesados; el lunes, se filtró una lista de 43 personas anotadas, y ayer se le depuró para dejarla en diez, como indica el proceso, y se le envió al Ejecutivo para que devuelva a los senadores tres de esos nombres, terna de la que saldrá quien ocupe la titularidad de la FGR.
Aquí es donde uno puede decir, como Ibargüengoitia, ¡qué nervios!, ¿quién será la próxima fiscal general de la República? Y digo “la” pues a pocos puede quedar la duda de que todo el cuento que comenzó el miércoles anterior fue para poner a Ernestina Godoy Ramos al frente de la institución.
Al momento de redactar estas líneas, no tengo idea de quiénes, entre los diez nombres enviados a Palacio Nacional, integrarán la terna que el Ejecutivo devolverá al Senado, pero tampoco necesito saberlo. Me queda claro que, en los hechos, esa terna será 1) Ernestina, 2) Godoy, y 3) Ramos.
Hasta el más fracasado de los pitonisos sabe que los senadores del oficialismo le darán, a esa decisión ya tomada, los votos necesarios. Porque para eso y por eso sigue en su cargo el senador López Hernández, con quien, llegaron a creer algunos, iba a acabar con el fiscal Gertz, por aquello de La Barredora, cuando resultó exactamente al revés.
En su novela La guerra de Galio (1991), Héctor Aguilar Camín relata cómo el historiador y periodista Carlos García Vigil pregunta a Galio Bermúdez, maestro de los sótanos de la política, por qué algunas decisiones del gobierno resultan tan burdas.
—¿Por qué no hacen las cosas menos obvias, que se note menos?
—Porque lo que quieren es que se note, que todo mundo reciba el mensaje.
