Dinastías
Son sorprendentes las semejanzas de Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador. Desde lo macro pretender hablar a nombre de lo que llaman “pueblo” hasta lo micro por ejemplo, su desprecio por la energía eólica. Igual que ahora lo hace Trump, López Obrador dejó ver ...

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
Son sorprendentes las semejanzas de Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador. Desde lo macro (pretender hablar a nombre de lo que llaman “pueblo”) hasta lo micro (por ejemplo, su desprecio por la energía eólica).
Igual que ahora lo hace Trump, López Obrador dejó ver durante su gobierno una ambición por permanecer indefinidamente en el poder.
El tabasqueño no paraba de hablar sobre su supuesta afinidad con el ideario de Francisco I. Madero, cosa que, decía él, le impedía pensar en la reelección (dime qué presumes y te diré de qué te careces). Lo que en todo caso debió haber dicho es que la Carta Magna era suficientemente clara y no daba lugar a permanecer en el poder más allá de un sexenio, al margen de lo que él opinara al respecto (“no me voy a reelegir”).
La extensión del mandato también parece ser la ilusión de Trump, quien, al pedir el voto en su pasada campaña electoral, llamó a sus conciudadanos a optar por él porque, así, “no tendrían que volver a votar nunca más” (entrevista con Fox News, 28 de julio de 2024).
López Obrador dejó la Presidencia el 30 de septiembre pasado, como seguramente la dejará Trump el 20 de enero de 2029, si es que nada se atraviesa en su camino.
En uno y otro país, el costo político de buscar la prolongación de la estancia en el poder es demasiado grande y las complicaciones legales la vuelven casi imposible.
En México, la posibilidad de reelegirse en la era posrevolucionaria fue aniquilada luego del asesinato del presidente electo Álvaro Obregón, quien se había favorecido por una reforma constitucional que le permitió, en 1928, contender por segunda vez para ocupar el cargo.
En 1933, el Congreso de la Unión revirtió dicha modificación para que el Presidente de la República en ningún caso y por ningún motivo pueda volver a desempeñar ese puesto, aunque después no faltaron los mandatarios que soñaron con la reelección. Entre ellos, López Obrador.
En Estados Unidos varios presidentes intentaron extender sus respectivos mandatos más allá de los dos periodos que la costumbre había fijado como máximo, hasta que Franklin Roosevelt ganó en las urnas un tercer cuatrienio (1940) e inclusive un cuarto (1944), antes de morir en abril de 1945.
Al año siguiente, la oposición republicana ganó la mayoría en la Cámara de Representantes luego de hacer campaña a favor de limitar a uno el número de reelecciones para la Presidencia. A propuesta de ese partido, se aprobó la vigésima segunda enmienda de la Constitución de Estados Unidos —que fijó ese límite—, siendo ratificada en 1951 por un número suficiente de legislaturas estatales. Como digo, sería muy complicado revertir eso.
Por eso, lo que ahora une a López Obrador y Trump es su aparente deseo de formar una dinastía gobernante. Es decir, que algún día sus descendientes accedan al máximo poder en sus respectivos países, igual que lo han hecho ellos.
El estadunidense parece querer que su hijo Donald Trump Jr. siga sus pasos. La versión que circula en Washington es que éste buscará en cuatro años la gubernatura de Montana, estado a cuyo gobernador, el republicano Greg Gianforte, apoyó para reelegirse en 2024 (Gianforte ya no podría postularse de nuevo). De ahí, Donald Trump Jr. se lanzaría en pos de la Casa Blanca en 2032.
Algo similar sucede en México. Andrés López Beltrán, hijo de López Obrador y actual secretario de Organización de Morena, se está posicionando como el segundo de una potencial línea dinástica iniciada por su padre.
El 12 de enero, en el acto en el que la presidenta Claudia Sheinbaum presentó su informe por sus primeros cien días de gobierno, López Beltrán era la figura más buscada por los asistentes VIP en el Zócalo capitalino. Más de uno de los gobernadores surgidos de Morena subieron a redes sociales una foto con el vástago del expresidente, quien ha dejado correr la idea de ser candidato a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en 2030, e ir por la Presidencia seis años después.
¿Será que los populismos gobernantes en México y EU derivarán en regímenes con visos de monarquía hereditaria?