Con colaboradores así…
La mitología política ha hecho creer que quien ocupa el Poder Ejecutivo es un ser superdotado que todo lo ve, a todo se anticipa y todo lo puede. Sin embargo, como en casi cualquier actividad humana, la gestión presidencial debe sus éxitos a un equipo, y sus yerros casi ...
La mitología política ha hecho creer que quien ocupa el Poder Ejecutivo es un ser superdotado que todo lo ve, a todo se anticipa y todo lo puede. Sin embargo, como en casi cualquier actividad humana, la gestión presidencial debe sus éxitos a un equipo, y sus yerros casi siempre se explican por los errores de éste o, de plano, por su inexistencia.
Los hechos de los últimos días dan cuenta de que la presidenta Claudia Sheinbaum está rodeada de colaboradores, pero no de un equipo.
El miércoles, Excélsior publicó en primera plana que seis recintos culturales administrados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) –entre ellos el Museo Nacional de Antropología (MNA) y el Castillo de Chapultepec– habían cerrado el día anterior por falta de personal de vigilancia.
La nota del reportero Juan Carlos Talavera describía con mucha precisión las causas de la situación e incluyó una reacción del propio INAH, en la que la dependencia justificó el cierre para “dar margen a una transición ordenada de los servicios”, en vista de que había terminado su contrato con la Policía Auxiliar y se iniciaba otro a cargo de dos empresas privadas que habían ganado una licitación. Lo que pasaba en realidad es que los nuevos guardias de seguridad no habían llegado a trabajar.
Uno pensaría que para cuando la Presidenta se presenta en la conferencia matutina, su área de comunicación ya le entregó un informe con los temas relevantes que debe conocer, para poder responder a las preguntas que podrían hacerle los verdaderos periodistas que asisten.
Al parecer, esa área está enfocada en otros asuntos, como preparar las preguntas suavecitas o dirigidas que dicta a los varios estafadores que también acuden a la mañanera –muchos de los cuales ni leer bien saben–, como una que ayer sirvió para criticar al gobierno de Guanajuato.
Pareciera que ese tipo de cosas se tratan como una prioridad, pues cuando el reportero Gaspar Vela, un periodista serio, preguntó el miércoles a la mandataria qué pensaba del cierre de los recintos culturales, ella debió reconocer que no estaba informada. Para mala fortuna, ese mismo día se dio a conocer en España que el MNA había sido galardonado por la Fundación Princesa de Asturias con su premio Concordia, una distinción que se entrega anualmente y que tiene entre sus recibientes a Stephen Hawking, J. K. Rowling, la Unicef, la Unión Europea y la organización World Central Kitchen.
Más tarde ese día, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel, fue citada en Palacio Nacional –es fácil imaginar por qué– y, al salir, mintió a los periodistas que hacen guardia a las puertas del recinto, afirmando que el MNA ya estaba abierto, cuando eso apenas ocurrió ayer. Colaboradores así no ayudan a la Presidenta; no hacen equipo.
Otro ejemplo es lo que sucede con las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Los miembros de ese gremio ya llevan tres semanas en la Ciudad de México, donde han causado constantes molestias a los capitalinos e incluso una madrugada bloquearon Palacio Nacional, obligando a cambiar el formato de la conferencia.
Uno tiene que preguntarse qué están haciendo las secretarías de Gobernación y Educación, pues cada vez que hay una reunión entre sus titulares y los inconformes, éstos salen más enojados y exigiendo hablar con Sheinbaum.
Para colmo, han comenzado a crecer los plantones en la ciudad, como el que instaló esta semana un grupo de estudiantes normalistas de Chiapas, quienes reclaman castigo por el presunto asesinato de uno de sus compañeros. Ese problema no debió haber salido del estado, pero hoy es motivo de que esté bloqueada la principal intersección de la capital.
El miércoles, maestros guerrerenses de la CNTE trataron de derribar la reja de entrada de la Secretaría de Gobernación. La última vez que pasó eso, poco después del alzamiento zapatista de 1994, el entonces secretario Patrocinio González Blanco –quien ya estaba en la mira por no haber avisado lo que se cocinaba en Chiapas– renunció a su cargo.
La Presidenta está urgida de un equipo que le ayude a prevenir y resolver problemas. La falta de ese equipo está haciendo que se acumulen.
