Un bombazo, a 70 días del Mundial y a 60 kilómetros del estadio

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

La detonación que sacudió el kilómetro 39+500 de la autopista México-Pachuca el pasado 28 de marzo no fue únicamente un estruendo físico; parece ser también el eco de una realidad que el Estado mexicano ha intentado contener en el plano discursivo: la expansión de la violencia criminal hacia zonas cada vez más estratégicas del país.  

Las muertes de Francisco Efraín Beltrán de la Peña, conocido como El Payín, y de Humberto Rangel Muñoz, ocurrida en el municipio de Tecámac, podría marcar un punto de inflexión en la geografía del conflicto si se confirma que el ataque estuvo vinculado a las disputas internas del Cártel de Sinaloa. 

De acuerdo con la información disponible, la explosión se originó dentro del vehículo en el que viajaban las víctimas, lo que abre múltiples líneas de interpretación. Podría tratarse de un artefacto que ellos mismos transportaban, pero también podría ser indicio de un nivel de infiltración mayor, en el que sus movimientos fueron seguidos con precisión. 

Algunas versiones sugieren que ambos habrían salido minutos antes del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, lo que, de confirmarse, implicaría que quienes ejecutaron el ataque tenían conocimiento previo de su itinerario. No hay aún evidencia pública concluyente sobre si el explosivo fue detonado de forma remota o activado por otros medios, pero la sola posibilidad introduce un elemento de sofisticación que no puede ser ignorado.

El Payín ha sido señalado en distintos reportes como un presunto operador vinculado al entorno del Cártel de Sinaloa, posiblemente de la facción conocida como La Mayiza. Aunque su papel dentro de la estructura criminal no está plenamente acreditado, algunas interpretaciones lo colocan como un enlace logístico en el Valle de México. Su muerte parece inscribirse en la lógica de una disputa que lleva cerca de 19 meses desarrollándose en Sinaloa y que podría proyectarse a otras regiones.

Si este hecho está relacionado con la pugna entre La Mayiza y Los Chapitos, estaríamos frente a una señal de que el conflicto ha dejado de ser estrictamente regional. No hay confirmación oficial de la autoría, pero el uso de explosivos en una vía de alta circulación en el Valle de México sugiere un cambio cualitativo. Más que un simple ajuste de cuentas, podría tratarse de una demostración de capacidad operativa, un mensaje dirigido tanto a rivales como a autoridades.

El contexto agrava la lectura. A poco más de dos meses del inicio de la Copa del Mundo, y a menos de 60 kilómetros del estadio donde se celebrará el partido inaugural, el episodio adquiere una dimensión adicional. La cercanía entre Tecámac y el Estadio Azteca –o Estadio Banorte, según su denominación comercial– no es sólo geográfica: es simbólica. Lo ocurrido parece cuestionar la narrativa de control territorial en una de las zonas más vigiladas del país. 

Para observadores internacionales, la posibilidad de que grupos criminales puedan ejecutar ataques con explosivos en corredores estratégicos –a un paso del aeropuerto símbolo de la Cuarta Transformación– podría convertirse en un factor de preocupación.

En este escenario, también resuena la clasificación de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, una postura impulsada por el gobierno del presidente estadunidense Donald Trump. Hechos como el de Tecámac podrían ser utilizados como argumento para reforzar esa narrativa, al margen de que la investigación en México aún no haya determinado responsabilidades.

Nada de esto permite concluir, de manera definitiva, que la disputa por Sinaloa se ha trasladado al Valle de México. Pero sí sugiere que sus efectos comienzan a sentirse más allá de su epicentro. Si algo revela esta explosión es que la violencia criminal en México podría estar entrando en una fase donde la capacidad técnica, la movilidad territorial y el impacto simbólico convergen. Y eso, en vísperas de un evento global, coloca al país ante una prueba que no admite retórica, sino resultados.

El autor de esta Bitácora se tomará unos días de descanso.