Nuevas realidades VII. La gestión emocional

No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones.

Jorge Bucay

Las posibilidades de que una persona cambie y se transforme están intimidante relacionadas con la capacidad que tenga de aceptar y desafiar los límites propios de su estado emocional.

Este imperativo resultó concluyente cuando diferentes investigaciones en los años 80 y 90 detectaron que: 1. El éxito no depende sólo del “coeficiente intelectual”. 2. Las emociones “toman el volante” en la vida diaria. 3. Evidencias claras de que las emociones y su reacción pueden convertirse en una habilidad que se entrene. Así, surge el término de inteligencia emocional, educación emocional y, en gran parte, lo que hoy se entiende como gestión emocional.

La gestión emocional es, quizá, uno de los términos más favorecido en la actualidad y se refiere a la capacidad de reconocer, comprender y manejar lo que uno siente para que sus emociones trabajen a favor y no en contra de sí mismo. Es decir, evitar que nuestras emociones secuestren nuestra capacidad de elegir y de tomar mejores decisiones a nivel personal y relacional. Esto no significa que dejemos de sentir, sino, por el contrario, que aprendamos a hacerlo de manera regulada.

Las emociones son respuestas automáticas que nos permiten reaccionar ante estímulos internos y externos, y son absolutamente necesarias para sobrevivir, aprender y comprendernos a nosotros mismos y el entorno. Por eso no, no se trata de negarlas, sino de aprender, efectivamente, a eso, a gestionarlas, a transitarlas, a sacarlas adelante con iniciativa, a ocuparse de ellas, administrarlas, organizarlas y manejarlas ante los diferentes escenarios de la vida.

De ahí que la gestión emocional se considere una habilidad que nos permita manejar una experiencia emocional de manera completa, esto es: 1. Percibir, reconocer y nombrar la emoción: ¿qué estoy sintiendo?. 2. Comprender qué activó esa emoción, qué necesidad o valor está detrás y sentimos amenazado y, por supuesto, qué historia nos estamos contando al respecto. 3. Regular y modular la respuesta —esta es la parte más importante—, aprender a bajar la intensidad y reenfocar la reacción. Aquí es donde surgen diferentes técnicas: respirar de manera consciente; hacer una pausa; escribir la situación; reencuadrarla, es decir, cambiar la interpretación que le estamos dando o bien, poner un límite claro y preciso que permita una comunicación asertiva. 4. Expresar la emoción de manera funcional, esto quiere decir, convertir la reacción en una acción coherente con lo que deseamos de manera constructiva y, por último, 5. Aprender y prevenir: identificar patrones de conducta propios y ajenos, detonantes y consecuencias, y construir habilidades para que la emoción sea una guía para nuestras decisiones y no un bloqueo. 

Lo que vale la pena aclarar es que la gestión emocional no inhibe la emoción, sino que nos ayuda a transitarla. Lo que se gestiona es la interpretación, la reacción y la regulación de la misma con una intención o propósito.

Y le diré más, mi querido lector, la intención más profunda de la gestión emocional descansa en aprender a sentir de una forma más justa y respetuosa con nosotros mismos, a vivir y canalizar nuestras propias experiencias emocionales desde un lugar más saludable y liberador. Desde un lugar que nos permita ordenar y ver con mayor claridad el poder que tenemos para cambiar la forma de relacionarnos y la manera de elegir lo que mejor conviene a nuestra vida, con la paz, la calma y el respeto que merece y merecemos.

La gestión emocional es una nueva oportunidad que nos permitimos para reinterpretar lo vivido, es esa habilidad que transforma la realidad y nos transforma a nosotros mismos para permanecer. Para elegir desde la libertad, la coherencia y la identidad elegida, y no desde la esclavitud de la conducta aprendida, del patrón herido e inconsciente o desde la identidad heredada. Recuerde que el sentir es la antesala de sus pensamientos… de usted depende la calidad de unos y de otros. Como siempre, Usted elige.

¡Felices realidades, felices vidas!