Nuevas realidades I. El lenguaje

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente.

Ludwig Wittgenstein

Las nuevas realidades permanecen confusas o silenciadas mientras no tienen un nombre claro. Una palabra nueva que puede dar existencia simbólica a algo que antes no se contemplaba, no se entendía o no podía hacerse visible. El lenguaje es la herramienta que crea esas realidades, describe el mundo e influye en cómo lo pensamos, lo sentimos, lo vivimos y comprendemos las experiencias. Incorporar palabras nuevas a nuestro lenguaje no es una moda, es una evolución necesaria para crear relaciones más justas, mayor inclusión, mejor comprensión y más precisión al momento de compartir con los demás nuestras ideas, emociones, pensamientos o visión del mundo.

A lo largo de las siguientes semanas me daré a la tarea de hacer una selección de palabras nuevas que invaden hoy nuestra realidad y que, muchas veces, no asumimos en ellas su valor ni comprendemos realmente lo que significan. Y, claro está, que dicha selección pretendo asumirla desde la responsabilidad, el criterio, la claridad, el sentido y el contexto.

La evolución, mi querido lector, es parte necesaria y trascendente de lo vivo, y el lenguaje es también algo vivo como cada uno de nosotros, que evoluciona, crea y se transforma. Y de la misma manera que no podemos enfrentar nuevas realidades siendo quienes fuimos, el lenguaje tampoco puede hacerlo y, así como tampoco podemos simplificarlos demasiado ante las experiencias complejas de la vida que nos pide más, el lenguaje tampoco puede hacerlo… y así como no podemos juzgar el pasado con lo que sabemos hoy en el presente, así tampoco el lenguaje puede juzgar o describir lo nuevo con palabras insuficientes. Adaptarnos a lo nuevo implica nuevas comprensiones, nuevos horizontes y, por supuesto… nuevas realidades posibles.

Cada palabra nueva bien comprendida puede abrir una nueva forma de ver, de pensar y habitar el mundo. Esta última expresión, por ejemplo: habitar el mundo. No se imagina qué belleza de palabra es “habitar”, en esta búsqueda ha sido una de las definiciones más profundas y enigmáticas de las “nuevas incorporaciones al lenguaje” que, en realidad, he de confesarle, mi querido lector, que no es ni siquiera una palabra nueva, sino una reincorporación al lenguaje frente a una nueva realidad que busca otras formas de expresarse, quizá, en este caso, más humana, más sensible y más profunda. Le dejaré aquí sólo un poco de ella porque merece un espacio completo, pero vale la pena reflexionar y empezar a entenderla mejor. Habitar es permanecer, estar presentes en uno mismo, poseernos, regresar a nosotros, es estar conscientes, satisfechos y en paz… En palabras de Heidegger, no habitamos porque hayamos construido algo, sino que construimos la experiencia en la medida en que la habitamos. No todo acto que hacemos lo hacemos desde ahí, sólo aquellos que buscamos preservar y cuidar. Habitar es hacer de la vida un lugar propio. Y ese habitar surge en el lenguaje porque nos hacemos humanos en él y en la relación con los otros. El lenguaje es una herramienta, pero también una forma de coordinar acciones con los demás y construirnos a nosotros mismos. No sólo es la gramática, es la conducta, la interacción, la convivencia, la relación, el sentido compartido, importa lo que se dice, pero más la emoción desde la que se dice. Los seres humanos no nos desarrollamos y evolucionamos sólo pensando, sino interactuando y viviendo experiencias, es decir, nombrando la emoción. El lenguaje construye nuestra propia identidad, lo que creemos que somos, lo que nos dijeron que somos o podríamos ser y, lo más importante, lo que elegimos ser.

El lenguaje construye y crea, por ello merece absoluto respeto al igual que nosotros, y se nos olvida tantas veces… porque la manera de expresarnos condensa lo que somos, lo que sentimos y lo que pensamos. La idea de nosotros mismos se construye ahí, en ese seno que crea, que crece, que evoluciona y que busca permanecer y trascender, porque seremos recordados en esos sentimientos que puedan traducirse en palabras y las palabras en una idea de lo que somos… de lo que fuimos.

¡Felices realidades, felices vidas!