La originalidad consiste en volver al origen; así pues, original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones.
Antonio Gaudí i Cornet
La RAE define comienzo como principio, origen y raíz de algo. La misma fuente define origen como principio, nacimiento, raíz y causa de algo y (…) como motivo o causa moral de algo.
El filósofo existencialista Karl Jaspers plantea en su obra La Filosofía, que comienzo y origen no son lo mismo, señala que comienzo se refiere al inicio en un tiempo y lugar determinado; mientras que origen tiene que ver con el momento de concientización que adquirimos en ese comienzo. El estudio se refiere a cómo es que los seres humanos comenzamos a filosofar –filosofar es originalmente este pensar presente en todo trascender– definiendo tres orígenes de este ejercicio, la admiración, la duda y las situaciones límite. Estos tres orígenes son la forma en que nos cuestionamos el mundo (admiración y duda) y la forma en la que nos cuestionamos a nosotros mismos en relación con el mundo y nuestras situaciones personales.
Así cambian superficialmente aquellos que se quedan al nivel del asombro y la duda, aquellos que suelen hacer cambios imitando a los demás, cambiando su físico, repitiéndose mantras intrascendentes, mudando de piel, de objetos, afianzando sus intereses en lo efímero y, peor aún, haciendo cambios en su ser a partir de sus heridas más profundas, de sus defectos, de sus vacíos existenciales, de sus carencias, de las críticas que no han podido superar, de los rechazos nunca tratados, de los complejos y de las meras nimiedades de sus vidas. Ésos son los que siguen teniendo la fibra sensible, los que insisten en alzarse como víctimas de un sistema que no han querido enfrentar.
Cosa muy distinta es la transformación que viven aquellos que, además de despertar la conciencia a través de la admiración y la duda, lo hacen a través de las situaciones límite de su propia vida, esos momentos que lo colocan a uno en la necesidad de replantearse toda su existencia. Los que han tenido que reinventarse ante la falta de conocimientos existentes capaces de satisfacer sus propias necesidades.
Las situaciones límites son esas circunstancias que no podemos cambiar, a menos que modifiquemos la manera de vivir con ellas; son las que nos exigen dejar de ser, de hacer, de sentir, de creer y de pensar como lo hacíamos antes; ésas, las que debemos enfrentar porque la pérdida es perdernos a nosotros mismos, permitiendo que las circunstancias, el otro o una mezcla ambigua del todo nos diluya en aquello que despreciamos. Y en la vida, perderse a uno mismo es incuestionable. De ahí que insista, que algunos se reconstruyen y otros se reinventan.
Se reconstruyen a pedazos los que pretenden levantarse del fango de sus vidas con pequeños detalles o aspectos que los demás pueden ver con facilidad: cambio de vestuario, disciplinas físicas exhaustivas o esoterismo popular, es interesante, pero eso no asegura un cambio verdadero. El cambio verdadero es el que se lleva a cabo con uno mismo desde el interior, es el cambio de pensamiento, de creencias, de principios, de valores, de prioridades, de compañías, de hábitos, es el cambio de las disciplinas silenciosas; ésas, las que no se presumen, las que no necesitan exhibirse, las propias, las de uno mismo. Las que cambian por completo la mente, el alma y el corazón; ésas, las únicas que permiten mantener una motivación cabal, inteligente y placentera, las que pueden ser mejor cada día; ésas, las que no se someten a la aprobación de nadie, las verdaderamente libres.
Por eso hoy lo invito a reflexionar sobre la manera en la que elige cambiar, y las razones por las que lo hace, porque no es lo mismo cambiar a partir de sus debilidades, que cambiar a partir de sus fortalezas; sólo cambiamos a partir de nuestras fortalezas cuando valoramos nuestra vida, y cambiamos a partir de nuestras debilidades cuando valoramos más la vida de los demás. Créame, las transformaciones más valiosas comienzan por uno mismo, por ese maravilloso y secreto mundo de la mente y las emociones de cada uno; la reinvención se origina ahí… en lo que estoy dispuesto a hacer para ser quien deseo ser y vivir la vida que deseo vivir… y para eso no se necesita imitar o recrear a nadie ni siquiera lo que fuimos nosotros mismos. Como siempre, usted elige.
¡Felices orígenes, felices vidas!
