Conciliación

Para lograrlo, lo primero que hace falta es saber exactamente qué es lo que se quiere y el cómo y el para qué se desea

                Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad,

                fracasa en todo.

                Albert Camus

Conciliación es el acto de conciliar. Conciliar significa poner de acuerdo o hacer compatibles a dos o más personas o cosas, es granjear un ánimo o un sentimiento determinado.

Saber conciliar es una herramienta clave para ser feliz en todos los ámbitos de la vida, sobre todo, porque a diferencia de la negociación, la conciliación prevé el conflicto y genera un acuerdo de voluntades en el cual ni se pierde ni se sacrifica ninguna de las partes, sino más bien, se enfoca a soluciones permanentes basadas en hacer concurrir los deseos o necesidades de todos.

La conciliación es la oportunidad que tenemos de vivir y convivir siempre en mejores condiciones, y para lograrlo lo primero que hace falta es saber exactamente qué es lo que se quiere y el cómo y el para qué se desea. De otra manera la conciliación sería inviable, se necesita saber qué es lo que quiere cada una de las partes para así poder hilar un tejido en común que les beneficie. Segundo, es importante el respeto por lo que cada uno necesite o desee y tercero… el compromiso.

La conciliación siempre será un camino sincero que le permita alcanzar todos los objetivos que se haya planteado, una vez que se decide, que estos sean en común. Saber lo que se quiere, respetarlo y comprometerse, en ello está exactamente lo que se necesita para llegar a acuerdos. Y en estos tres pasos hace falta que en todo momento se vele por los intereses en común y se proteja a toda costa, la integridad de cada parte.

Podría parecer sencillo, pero en la práctica no lo es tanto, seguramente porque suelen aparecer vicios ocultos que terminan por manifestarse y llevarlo todo al garete. Las conciliaciones fracasan porque la gran mayoría no sabe ni lo que quiere, ni lo que realmente necesita. Algunos lo intuyen, pero… en la mayoría de las veces no saben ni siquiera describirlo, y otros tantos no están dispuestos a esforzarse por hacer lo que esos deseos o esas necesidades implican. También suele ocurrir, que no sólo no se respetan y protegen sus propios deseos, sino que, tampoco respetan los de los demás. El ego y la soberbia juegan grandes papeles cuando dos o más personas intentan ponerse de acuerdo.

Y no, las conciliaciones no aceptan ni despotismos ni malas formas y mucho menos faltas a la palabra o a la voluntad acordada. Por eso la conciliación sólo es una herramienta para aquellos que saben lo que quieren de la vida, cómo quieren que sea y con quién quieren compartirlo. La conciliación es ese estado de compromiso en libertad en el que cada una de las partes hace lo que debe hacer y eso lo hace sentir en paz y feliz, sencillamente porque ve reflejados los éxitos en su vida y en sus relaciones.

Por eso hoy le invito a conciliar, a llevar a cabo todas las acciones necesarias para vivir de la mejor manera posible, alcanzando las metas y los objetivos planeados y, sobre todo, sintiendo esa seguridad y esa paz que todos necesitamos para saber que estamos haciendo lo correcto… y con las personas correctas.

Recuerde, que la conciliación es un compromiso y un voto de confianza hacia uno mismo, hacia los demás y hacia las expectativas pactadas, todo depende entonces, de que la voluntad no se deje ni manipular ni se traicione.

Como siempre, usted elige.

¡Felices acuerdos, felices conciliaciones!

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