Auriga 3: equilibrio conativo

Quien no cumple con sus propias metas está destinado a la infelicidad

El equilibrio conativo se refiere a la intención y la voluntad, así como a las subsecuentes acciones necesarias. La clave para lograr este equilibrio consiste en elegir objetivos y deseos que basados en la realidad estén orientados a nuestra felicidad. Será necesario comprometernos para llevar a cabo el planteamiento y el proyecto adecuado, que facilitará la confianza en nosotros mismos, la seguridad y por supuesto, el equilibrio mental.

Conativo viene de la palabra conato que significa el inicio de una acción que se frustra antes de llegar a su término. El conato es una impulsión síquica, esto es, energía síquica profunda que dirige la acción hacia un fin, descargándose al conseguir el propósito. Sin embargo, no siempre y no todos son capaces de lograr lo que su impulso, intención o voluntad desean, quizá porque las metas planteadas u objetivos son muy elevados o porque no se imprimió la fuerza y la tenacidad necesaria; lo que sí es seguro es que todo aquello que no logra alcanzarse trae como consecuencia una falta de introspección que impide descubrir lo que en realidad se quiere, nos compromete y nos apasiona.

Los logros tienen un solo hilo conductor exitoso: una intención también exitosa. La intención es lo que realmente mueve la voluntad y sólo se encuentra en lo más profundo de uno mismo, en la conjunción de deseos, de planteamientos y de diferentes visiones consolidadas en un único deseo, plan y visión. Por eso hace falta comprender qué nos mueve, qué nos hace vibrar, en qué creemos, por qué lo creemos y en quién nos convierte ese objetivo, ese deseo y ese logro.

Todo lo que hacemos o dejamos de hacer habla de quiénes somos, y no es que sólo le hable a los demás… nos habla a nosotros mismos, habla de nuestro potencial, de nuestras capacidades, empeño, determinación, compromiso, calidad humana, sensibilidad, integridad e inteligencia… y eso puede resultar a nuestro favor o en nuestra contra. Porque no importa la perfección en las palabras o en el discurso, si falla la ejecución, definitivamente fallará el resultado.

Y no, no todos ven con esa severidad sus acciones, algunos viven únicamente de discursos y de pobres o de nulos resultados; algunos simplemente viven así en un total conato de situaciones, envueltos en la frustración por su falta de determinación y entrega, y lo peor no es que no se haya cumplido el objetivo final, sino en quienes los convierte ese incumplimiento. Por lo regular se habrán convertido en amantes de las justificaciones, en devotos de los planes en palabra, en soberbios que, en vez de reconocer que sus propios deseos le han quedado grandes, argumentarán que simplemente perdieron su interés… que no le engañen.

Quien no cumple con sus propias metas está destinado a la infelicidad, por eso es tan importante saber estrictamente no sólo lo que uno desea, sino también lo que está dispuesto a entregar de sí mismo para lograrlo. Ésa es la parte más contundente para poder alcanzar objetivos en la vida, qué y cuánto estamos dispuestos a hacer por eso que queremos, y no menos importante, eso que queremos porque lo queremos y en quién va a convertirnos. Porque no todos los medios justifican los fines y viceversa, hace falta asegurarse que podemos soportar las cargas y las renuncias. También si estamos dispuestos o no a ser la persona en la que esas metas cumplidas van a convertirnos.

Por eso hoy lo invito a analizar cuidadosamente sus intenciones, metas, objetivos, compromisos y acciones porque esos resultados son los que verdaderamente hablarán de quién es y a lo que está dispuesto. Como siempre, usted elige.

¡Felices acciones, felices realidades!

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