Auriga 1: principal equilibrio

Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo es la victoria más bella. Friedrich Von Logau Todos somos el auriga de nuestra vida, somos capaces de ...

Combatirse a sí mismo es la guerra

                más difícil; vencerse a sí mismo

                es la victoria más bella.

                Friedrich Von Logau

Todos somos el auriga de nuestra  vida, somos capaces de gobernarla y de encontrar el equilibrio que nos permita mantenernos siempre de pie, siempre fuertes, firmes y determinados, sin importar las circunstancias adversas que pudieran presentarse.

Por eso, el principal equilibrio que debe controlar un auriga es consigo mismo. El buen auriga es aquel que puede generar la armonía entre la diversidad de su propio ser, su esencia y naturaleza. El buen auriga es ecuánime, mesurado y sensato consigo mismo y con lo que piensa, siente y hace.

De ahí que no todos y no siempre sean capaces de manejar su vida de forma equilibrada. Algunos deciden elegir lo que otros consideran, o bien, eligen vivir en un desenfrenado y turbulento ir y venir, con decisiones poco reflexionadas, casi siempre equivocadas y con tortuosas consecuencias. Quien no es capaz de controlarse a sí mismo, poco o nada será capaz de controlar nunca.

Usted los ha visto y yo también, conductas sujetas a escabrosos cambios de humor, euforias y tristezas recorriendo un mismo tema, bondades encubriendo maldades profundas, mentiras que se expresan con promesas de total verdad, irrelevancias que convierten en prioridades, prioridades que convierten en nimiedades, falsedad y desazón expresada en sonrisas, amores irónicos, relaciones fugaces, promesas llenas de irrealidad, deseos sin fundamento, trabajos intermitentes, profesiones tratadas como oficios, oficios elevados a profesiones… personas buscando el reconocimiento, que son incapaces de proveerse a sí mismos, inquietantes defectos convertidos en virtud… críticos acérrimos de las vidas ajenas, redes públicas llenas de felicidad encubriendo vidas absolutamente vacías y miserables, seguidores y amigos imaginarios haciendo escrutinio a quienes exponen sus vidas, a sabiendas de que son intolerantes a las críticas y sin capacidad de frustración. Fieles seguidores de un futuro en favor de la tecnología, de los animales, de la vida sana… pero incapaces de escuchar, de respetar, de llevar una vida física, mental y emocionalmente saludable. Se han perdido los valores más básicos, permisividades que rayan en la ilegalidad, tolerancias mal entendidas, afrontas innecesarias… cuando lo único que se necesita es un poco de honestidad, cordura y amor propio.

Por eso, hoy le invito a amarse, a respetarse, a reflexionar y a analizar su vida y a usted en ella, a cambiar todo aquello que le impida ser auténtico y genuino, a modificar esos hábitos que lo someten, a dejar de necesitar el reconocimiento que usted mismo no puede darse.

Mejor elija las batallas inteligentes y constructivas, las que se tienen con uno mismo, y celebre sus propias victorias cada vez que se acerque más al ser ideal en el que siempre ha querido convertirse, y sea objetivo, claro y justo, porque muchas veces lo que vemos ahí afuera nos impide ver y vivir el potencial que llevamos dentro.

Aléjese de la comparación, acepte su vida, su realidad y enfóquese en hacer de ella lo mejor que pueda, no se mienta, no se maltrate, no se someta y no tome riesgos innecesarios. Amarse a uno mismo sólo requiere de una alta dosis de comprensión, compasión, fuerza, valentía y profunda honestidad. Vívase, disfrute de usted y haga todo por mantener su mente, sus emociones y sus acciones equilibradas y libres de toxicidad. Como siempre, usted elige.

¡Felices amores, felices equilibrios!

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