Aprovechar la vida VIII. Los vínculos de calidad

…Tampoco se puede ser bueno a solas.

Gonzalo Torrente Ballester

Una de las decisiones más inteligentes para aprovechar la vida es con quién elegimos vivirla y vivirnos a nosotros mismos. Los amigos, el contacto humano y el sentido de pertenencia no son un extra emocional que necesitamos, sino una exigencia de nuestra propia biología. Y hablo de relaciones profundas con intención y sentido, relaciones que van más allá de la camaradería o de los patrones de convivencia mínimos, hablo de esas relaciones que dejan algo en nosotros, ésas que suman, que nutren, que nos ayudan en nuestra propia evolución y, finalmente, ésas que nos inspiran a ser mejores personas.

Sí, mi querido lector, por más que la vida nos quiera imponer un ritmo frenético o que se nos inunde de mensajes con ideales individualistas, la vida es mucho más bella cuando se tiene con quién compartirla, cuando sabemos que pertenecemos a alguien y alguien también nos pertenece, cuando sabemos que, sin importar lo que se esté viviendo, siempre hay alguien ahí dispuesto a ofrecer un abrazo, una escucha amable y activa, una comprensión honda y un inmenso interés por uno, por lo que siente, lo que piensa y lo que elige o no hacer con eso que trae por dentro. Sí, la vida se vive mejor entre risas, entre comentarios superfluos, entre anécdotas que se recuerdan, entre estaciones que pasan con la misma gente, entre arrugas y canas que van apareciendo y entre historias que se entrelazan entre años una y otra vez.

Y es que la vida no dejará nunca de sorprendernos, qué suerte y qué privilegio que, sin importar sus impactos, tengamos a alguien ahí para compartirla. Qué suerte llegar a ese punto en la vida cuando los amigos son pocos, auténticos y parecen eternos. Qué suerte sabernos parte y ser parte, y qué suerte haber sido elegidos y elegirlos, y qué suerte el valor de la sinceridad, la honestidad, la lealtad y el amor. Porque de eso se tratan los vínculos de calidad: de relaciones donde hay seguridad emocional, respeto, escucha, reciprocidad y presencia significativa; de espacios seguros que no juzgan ni tampoco interpretan, de espacios reales que sienten, presienten y sanan. Y no, no todos los vínculos ni todas las relaciones son así de trascendentes, por el contrario, en la vida se experimentan muchas etapas con gente que, aun en vínculos cercanos, terminan por convertirse en perfectos extraños. Parejas, amigos, familia… personas, al fin y al cabo, que están y se van o de las que tenemos y debemos alejarnos.

Y se lo digo con conocimiento de causa… No hay peor soledad que aquella que se vive en compañía y, peor aún, ésas que se extienden en el tiempo, en una especie de costumbre anómala. Qué miserable existencia no asirse de la valentía suficiente para expiarse a uno mismo de esos entornos que le corrompen el corazón, porque, a largo plazo, eso es lo que hacen, someternos a un silencio no elegido, a una realidad siempre desfigurada de nuestros propios ideales y a un desgaste innecesario de nuestras ganas de vivir. Sin duda, querido lector, los vínculos de calidad se eligen y nos eligen con la misma valentía que se pelean en los años y con la misma valentía que se abandonan cuando así su naturaleza lo exige. Le llamo suerte a esa valentía de poder elegir con intención esos vínculos que nos amortiguan la vida, ésos que nos la hacen mejor, más profunda, más intensa, más divertida.

Esos vínculos que no son sólo lazos sociales, son precursores de circuitos neuronales que generan cambios funcionales y estructurales en nuestro cerebro y eso, mi querido lector, es el parteaguas entre una buena y una mala vida, entre sentirnos seguros o alerta, entre tomar buenas o malas decisiones. Los vínculos de calidad son reguladores de nuestra propia biología, nos hacen bien. Créame, nadie puede sostener la vida en soledad por mucho tiempo. Nadie puede vivir de amigos ficticios en apps de última generación; y no, nadie puede vivir feliz en vínculos que no le representan. Mejor elija con valentía esos vínculos que representen mejor sus valores y principios, ésos que le enorgullecen y le permiten ser y vivir en calma y libertad. Como siempre, usted elige.

¡Felices vínculos, felices vidas!