Aprovechar la vida I. Cronos y kairós

Saberme capaz para algo mejor, me puso en las manos de la postergación, que al fin de cuentas es un arma terrible y suicida.  

Mario Benedetti 

A partir de los 40 años se llega con prisa, pero ante todo se llega con historia. Con aprendizajes, renuncias y experiencias, pero sobre todo con una idea precisa de lo que realmente nos es prioritario y realmente importante. Y entonces aparece una pregunta silenciosa: ¿estoy viviendo desde el tiempo… o desde la oportunidad?, cuál quiero que sea mi siguiente paso, mi siguiente camino, que dejo ir… ¿con qué me quedo? Porque hay un tipo de tiempo que nos organiza y otro que nos llama. Un tiempo que es sólo nuestro y otro de los demás, igual que las oportunidades, las que son para nosotros y las que no nos pertenecen. Conocer la diferencia marca nuestro destino y, sobre todo, la plenitud con la que vivimos nuestra propia vida.

Sí, mi querido lector, hay personas que insisten en vivir el tiempo de los demás, el de la era de la inmediatez, del vivir ocupado, no enfocado, sino ocupado, la era de la productividad inútil del que insiste en abrazar la vorágine de las mayorías, sacrificando innecesariamente el tiempo que sólo a él le pertenece. Los griegos y los textos bíblicos lo tenían muy claro, para ellos existía un tiempo lineal al que llamaban cronos, un tiempo medible; y también tenían un tiempo al que llamaban kairós, que era el tiempo de las oportunidades, el exacto, el del hacer que da valor y significado a nuestra vida.

Cronos es el calendario, las responsabilidades, las horas que se acumulan, la agenda que exige. Cronos es la vida en modo “funcionar”. Es útil, necesario incluso. Pero tiene un límite: cuando todo se vuelve cronos, la vida se reduce a cumplir. Y uno puede cumplir muy bien y aun así sentir que algo esencial falta. 

Kairós, en cambio, es el momento oportuno: el instante decisivo que no regresa igual. Kairós no es “más tiempo”; es el momento correcto para cambiar algo. Es cuando una conversación pendiente deja de ser un tema y se vuelve un puente. Es cuando el cuerpo deja de ser un recurso infinito y se convierte en un mensaje. Es cuando descubres que no se trata de empezar de cero: se trata de empezar donde estás con lo que sabes ahora. A esta edad, muchos adultos viven una especie de paradoja: tienen experiencia, pero a veces les falta atrevimiento. Tienen claridad, pero les cuesta moverse. Se preguntan “¿y si ya es tarde?” cuando en realidad la pregunta más honesta sería: ¿tengo miedo de sentir que todavía puedo perder… o miedo de descubrir que todavía puedo ganar?... Y créame que siempre vale la pena intentar ganar.

Kairós suele presentarse de formas discretas: una noche de insomnio productivo en la que se piensa de verdad; una lectura que remueve; una frase espejo; un deseo que vuelve con insistencia. Puede que no sea espectacular, pero trae algo que el cerebro reconoce como una sensación de dirección.

Entonces llega el desafío: ¿qué hacemos con esa oportunidad? El coaching —y también la sabiduría de vivir— lo resume en una idea simple: la vida no cambia cuando la entendemos; cambia cuando aplicamos lo comprendido en el momento posible. No mañana. No cuando estemos listos. No cuando el miedo se disipe. Kairós no espera a la perfección: espera a la acción, se confirma con movimiento.

Quizá, aprovechar la vida adulta no es perseguir más metas. Es reclamar significado. Es dejar de negociar con lo esencial. Es pasar de no tener tiempo a vivir. Cronos puede medirle; kairós puede transformarle. Y si hoy está leyendo esto con una mezcla de esperanza y cansancio, tómelo como una señal: todavía hay oportunidad en su horizonte. No porque todo sea fácil, sino porque ya ha comprendido lo más importante: que la vida no se trata de durar más, sino de llegar con verdad al momento correcto. Con su verdad y en su momento. Mejor aprovechemos con atrevimiento esas treguas que ofrece el cotidiano para hacer una pausa de refinamiento, de claridad de dirección, y prioricemos lo que nos pertenece. Cualquier momento es kairós para quien sabe lo que tiene que hacer, para quién sabe lo que su vida merece y créame, no hay cronos que impida su siguiente paso, aunque sea breve… es suyo y eso puede hacer toda la diferencia. Como siempre, usted elige. 

¡Felices kairós, felices vidas!